Ciencia sin fronteras: El argentino que redefine el futuro de la alfalfa con drones y genómica

El ingeniero agrónomo Esteban Rios, desde su laboratorio en la Universidad de Florida, está liderando una revolución silenciosa en el mejoramiento genético de la alfalfa. Mediante el uso de tecnología de punta, como drones y análisis genómico, su equipo desarrolla nuevas variedades más productivas, persistentes y adaptadas a los desafiantes climas subtropicales.

Esteban Rios es doctor y profesor asociado, director del programa de posgrado en mejoramiento genético de plantas del dpto de agronomía de la Universidad de Florida (EE.UU). 

En 2025 fue uno de los profesores que brindó su conocimiento en la Diplomatura de Alfalfas de Calidad organizadas por TodoCampos, TodoAlfalfa y la Universidad Nacional de Villa María. También participó como disertante en el Congreso Mundial de Alfalfa.

En Reims fue entrevistado por un periodista de TodoAlfalfa y brindó detalles del trabajo de vanguardia que esta desarrollando, enfocado inicialmente en el sureste de Estados Unidos. Sin embargo, tendió un puente de colaboración con el INTA de Argentina, abriendo la puerta a que estas innovaciones impulsen la producción forrajera en el norte del país.

Innovación genética y una alfalfa resiliente

En un contexto global donde el cambio climático y la necesidad de optimizar la producción agrícola son imperativos, mejorar la resiliencia de cultivos forrajeros clave como la alfalfa se ha vuelto una misión estratégica. 

En ello trabaja el argentino Esteban Rios, quien contó que lidera un programa que busca dar respuestas concretas a estos desafíos, asegurando que la ciencia de laboratorio se traduzca en resultados prácticos en el campo a través de un «manejo compatible», donde las técnicas de selección replican las condiciones de fertilización y control que los productores realmente utilizan.

El enfoque principal de su laboratorio en la Universidad de Florida es abordar las características más difíciles de mejorar, aquellas que dependen de una compleja interacción entre múltiples genes y el ambiente. Como él mismo explica, el objetivo es claro:

«nos enfocamos […] en el mejoramiento de vuelta para caracteres complejos como son el rendimiento, calidad y la persistencia…»

Para lograrlo en el clima de Florida, la investigación se centra en la «alfalfalfa sin dormancia». A diferencia de las variedades de climas templados que entran en un estado de latencia en invierno, este tipo de alfalfa puede mantener su crecimiento durante todo el año en condiciones subtropicales, maximizando así su potencial productivo.

Esta misión de desarrollar una alfalfa superior no se basa en métodos tradicionales, sino en la integración de un arsenal de herramientas tecnológicas de última generación que están redefiniendo los límites de la agronomía.

El aporte de la tecnología: Drones, genómica y datos en el campo

El mejoramiento genético ha experimentado un cambio de paradigma, pasando de la selección visual en el campo a un enfoque «multiómico» impulsado por datos masivos. 

La estrategia consiste en integrar distintas capas de información para acelerar la ganancia genética y tomar decisiones más precisas y eficientes. El equipo de Rios está en la vanguardia de esta transformación, utilizando un conjunto de herramientas de avanzada para descifrar el potencial de cada planta.

Las tecnologías clave que emplean incluyen:

* Genómica: Se utiliza para analizar el ADN de las plantas y entender su potencial genético inherente. Esto permite identificar qué líneas parentales tienen las mejores combinaciones de genes para características como el rendimiento o la tolerancia al estrés.

* Fenotipado de alta escala: A través de drones equipados con sensores especializados, los investigadores miden rasgos clave como la tasa de crecimiento, la biomasa o la respuesta al estrés hídrico a una escala y velocidad imposibles de lograr manualmente.

* Datos medioambientales: El programa integra información climática y del suelo para predecir qué variedades no solo rinden más, sino que también demuestran mayor persistencia frente a eventos climáticos extremos como sequías u olas de calor.

Este enfoque tecnológico es indispensable en un campo donde la adaptación es constante. La investigación no es un proceso estático, sino una carrera continua para responder a nuevas presiones. En palabras de Rios:

«No se para nunca de investigar y no se para nunca de avanzar, ¿no? […] todos los años hay novedades y cambios y las climáticas también te obligan a cambiar a vos como investigador, ¿no?»

Si bien su laboratorio se especializa en este enfoque multiómico, el investigador reconoce que estas son parte de un conjunto más amplio de herramientas disponibles, ya que otras áreas como la transgénesis también forman parte del arsenal del mejorador moderno. 

El uso de esta tecnología de punta permite desarrollar soluciones a medida para las necesidades específicas de una región, sentando las bases para su posterior adaptación a otras partes del mundo.

La investigación científica de alto impacto a menudo comienza con un enfoque geográfico específico para resolver problemas concretos. La estrategia del programa de Rios no es la excepción: concentrar los esfuerzos iniciales en el sureste de Estados Unidos permite generar resultados robustos y adaptados a un sistema de producción particular, antes de explorar su potencial global.

Este sistema productivo tiene particularidades que guían la selección genética. En la región, la alfalfa no se cultiva como un monocultivo, sino en consociación con pasturas megatérmicas (de crecimiento en verano). Esto exige que las nuevas variedades de alfalfa tengan un ciclo de crecimiento compatible y la capacidad de competir y prosperar en ese ecosistema mixto.

Por ello, el objetivo primario del programa es, por ahora, regional. El propio investigador lo confirma, subrayando la importancia del contexto productivo local en sus decisiones:

«Yo creo que hoy por hoy […] nos enfocamos en lo que es el sureste de Estados Unidos, principalmente por el sistema de producción.»

Sin embargo, este trabajo enfocado y de alta especialización está construyendo un valioso puente de conocimiento y material genético que ya ha cruzado fronteras, conectando directamente con Argentina.

Un puente con Argentina para colaborar con el INTA

La colaboración científica internacional es un motor clave para la innovación agrícola. La transferencia de conocimiento, tecnología y germoplasma (material genético) entre instituciones de distintas partes del mundo permite acelerar el desarrollo de soluciones para regiones con desafíos y condiciones climáticas similares.

En este espíritu, el programa de la Universidad de Florida ha establecido una sólida colaboración con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de Argentina, trabajando con investigadores como Ariel Odorizzi del INTA Manfredi. 

El objetivo es incorporar las líneas de mejoramiento más avanzadas y las nuevas variedades desarrolladas por Rios en la red de evaluación nacional del INTA. De esta forma, se podrá probar su comportamiento agronómico directamente en las condiciones productivas de Argentina.

El norte de Argentina es una región especialmente prometedora para estos materiales. Su similitud en latitud y condiciones climáticas subtropicales con Florida sugiere que las variedades seleccionadas allí podrían tener una excelente adaptación y ofrecer un alto rendimiento en los sistemas ganaderos y forrajeros del NOA y NEA.

El camino para pasar del laboratorio al campo

Entre un descubrimiento científico y su llegada al mercado hay un camino que requiere tiempo y validación. Gestionar las expectativas sobre la disponibilidad de nuevas variedades es fundamental, y el programa de Rios ofrece un panorama claro sobre sus plazos y aplicaciones prácticas.

Ya existe un cultivar de alfalfa muy avanzado, para el cual se ha firmado un convenio con una empresa privada que se encarga de la multiplicación de la semilla. Este material está listo para dar el siguiente paso y podría ser incluido en la red de evaluación del INTA a partir del próximo ciclo de siembra.

Sin embargo, para los desarrollos más recientes que aún están en fases experimentales, el proceso es más largo. El principal cuello de botella es la producción de semilla a gran escala, un paso biológico ineludible.

«…moverse de un cruzamiento con una cantidad de semilla […] limitada a […] decir, ‘Bueno, tengo una cantidad grande de semilla como para testearla en distintos ambientes’, lleva uno o dos años más o menos en multiplicación de semillas.», aseguró

Es importante también conocer las características específicas del cultivar que ya está en fase de multiplicación para entender su mejor aplicación.

* Adaptación: Fue seleccionado específicamente para prosperar en ambientes subtropicales con alta precipitación y suelos arenosos, condiciones presentes en muchas zonas del norte argentino.

* Limitación clave: Este material aún no ha sido seleccionado para sistemas de pastoreo intensivo. El propio investigador es transparente al respecto y recomienda cautela en su uso para este fin: «la verdad que no se hizo selección todavía bajo pastoreo, entonces no lo puedo recomendar […] para ese tipo de sistemas.»

Este proyecto, que conecta directamente la innovación en Estados Unidos con las necesidades de Argentina, encarna el espíritu de una «ciencia sin fronteras». No se trata solo de tecnología avanzada, sino de construir puentes de colaboración para un objetivo fundamental: fortalecer la sostenibilidad de los sistemas ganaderos y asegurar la producción de forraje en un clima cambiante. Las semillas que se siembran hoy en Florida y que pronto se probarán en el norte argentino son el germen de una agricultura más resiliente.