Innovación y desafíos en el sector forrajero, la mirada de Pablo Cattani

La edición de ExpoAgro dejó sensaciones para el sector forrajero. Hubo presentación de maquinarias y nuevas tecnologías para aportar soluciones a la henificación. El asesor y conductor de Espacio Forrajero, dialogó con TodoAlfalfa.

La reciente edición de ExpoAgro se ha consolidado, una vez más, como el termómetro indispensable para diagnosticar la salud de la agroindustria argentina. En un escenario global donde la competitividad se dirime en márgenes de eficiencia cada vez más estrechos, la renovación del parque de maquinaria no representa un gasto, sino una inversión estratégica imperativa para sostener la viabilidad de la matriz productiva. 

Durante la muestra, se observó una diversificación sin precedentes en la arquitectura de los equipos, con la irrupción de nuevas terminales y un abanico prestacional que busca profesionalizar desde las unidades montadas hasta los acondicionadores de última generación.

La evolución de la recolección y el concepto híbrido 

Uno de los puntos de inflexión técnica fue la notable «explosión» de los rastrillos giroscópicos, aseguró el ingeniero agrónomo Pablo Cattani, quien asesora a diversas empresas y productores del sector y conduce el programa Espacio Forrajero. 

La oferta, que abarcó desde configuraciones de un rotor hasta sistemas de cuatro rotores, evidencia una transición hacia la optimización operativa y el tratamiento delicado del material. 

En sintonía con esta búsqueda de versatilidad, destacaron las segadoras autopropulsadas con barra de corte. Estos equipos operan como híbridos permitiendo al productor cosechar forraje de máxima calidad o de semillas.

En el mercado global de la alfalfa, la tecnología es el motor que transforma una materia prima en un producto con estándares internacionales. Las innovaciones presentadas en ExpoAgro apuntan directamente a blindar esa calidad.

Cattani destacó la presentación que oficializó Piersanti del agrupador de hileras ROC. Este lanzamiento marca un paso importante para la henificación de precisión. “Es un salto cualitativo en cuanto a calidad”, aseguró. 

Está tecnología está diseñada para el tratamiento delicado de la andana, minimizando drásticamente la pérdida de hoja —donde reside el mayor porcentaje de proteína— y reduciendo la incorporación de impurezas como tierra o cenizas.

Esto permitirá “producir un mayor porcentaje de alfalfa para exportación y sumarle valor a la cadena alfalfera”, indicó Cattani.

En lo que respecta a rotoenfardadoras, manifestó que “va bien” mostrando “más o menos lo mismo” al hacer referencia a las propuestas de las empresas presentes. Pero si hubo avances y novedades en la mecanización de la logística.

La empresa Arcusín, de la mano de Gauss, llegó desde España para ofrecer recolectores mecánicos de fardos pequeños. “Esto propone un cambio de paradigma en la gestión del talento humano”. 

Al automatizar la recolección en zonas como el norte argentino, donde la dependencia de la labor manual es aún elevada, se logra profesionalizar la matriz laboral rural. “No se trata simplemente de sustituir personal, sino de evolucionar de la fuerza bruta hacia una operación calificada y ergonómica, mitigando la escasez de mano de obra mediante la tecnificación”.

De la tecnología al proceso: Ganadería de precisión y conectividad

La ganadería actual atraviesa un ciclo de optimismo, pero la rentabilidad sostenible exige transformar el entusiasmo en procesos de alimentación milimétricos. La producción moderna de proteína animal ya no tolera la improvisación; demanda una gestión basada en la evidencia de los datos.

Ecosistemas conectados y nutrición de precisión: “La adopción de sensores para la lectura automatizada de comederos y la incorporación de mixers horizontales capaces de procesar y partir fibra de manera homogénea son herramientas que están redefiniendo la eficiencia termodinámica de las dietas”, remarcó Cattani. 

En este ecosistema de conectividad, destacó la plataforma integrada de firmas como John Deere, donde la rotoenfardadora no solo georreferencia cada rollo, sino que registra su peso y humedad exacta en tiempo real. Esta información, vinculada a la telemetría del tractor, permite mapear la extracción de nutrientes del lote y calcular la eficiencia operativa en litros de combustible por tonelada recolectada.

Esta «medición fina» es la frontera entre la simple posesión de activos y la optimización de procesos. Si bien la coyuntura de precios favorables actúa como catalizador para la inversión, la adopción tecnológica debe ser una decisión analítica. Como advierte Cattani, la tecnología es un medio, pero el éxito sigue dependiendo de variables externas que exigen una gestión de crisis sumamente lúcida.

Realidad del mercado alfalfero: El mito del «oro verde» vs. Gestión de Riesgos

Es imperativo desmitificar la narrativa del «oro verde» como una renta asegurada de baja complejidad. La producción de alfalfa de alta gama es un equilibrio sostenido por tres pilares: tecnología, proceso y clima. Cuando uno de estos falla, el modelo de negocio se enfrenta a desafíos severos.

La campaña actual ha presentado un escenario complejo debido al exceso de precipitaciones. Este factor climático, lejos de ser solo un inconveniente operativo, genera un exceso de oferta de heno de baja calidad que el mercado internacional no absorbe. 

Por lo tanto termina aportando un resultado de saturación del mercado interno que deprime los precios y eleva el riesgo de quebranto financiero para aquellos productores que no cuentan con un plan de contingencia. 

Ante este panorama, la recomendación técnica es actuar con «pie de plomo». Transformando el material que no alcanza los estándares de exportación en carne o leche para capturar valor dentro del sistema productivo. Pero también explorar saldos exportables en países limítrofes como alternativa logística viable.

A su vez, es necesario poder diferenciar rigurosamente qué porcentaje de la cosecha es realmente saldo exportable y qué parte debe destinarse al consumo interno, evitando la sobreexpectativa comercial.

El análisis de Pablo Cattani es contundente: en el negocio forrajero, la eficiencia es la única vía hacia la sostenibilidad. Independientemente de los ciclos de precios, la capacidad de medir para mejorar es lo que define la permanencia del productor en la actividad. 

La tecnología disponible es más versátil y potente que nunca, pero su éxito está inexorablemente atado a un ajuste riguroso de los procesos y a una visión empresarial que sepa leer la realidad del campo por encima de las modas.

Para aquellos interesados en profundizar en la aplicación práctica de estas innovaciones y conocer en detalle todo lo que dejó la edición 20 de ExpoAgro podrán hacerlo en el programa «Espacio Forrajero» dentro de 15 días.