Desde hace unos años que el distrito de Carlos Tejedor, en la provincia de Buenos Aires, como en gran parte del país, tiene una ordenanza para el uso de fitosanitarios. Este tipo de medidas siempre genera debates y cambios a los cuales hay que adecuarse, aunque no siempre se les da las herramientas y el conocimiento necesario a los más perjudicados que son los pequeños productores (en muchos casos producciones de subsistencia) en zona de periurbano. La ordenanza determina que por 300 mts. desde límite de la ciudad y pueblos, no se pueden aplicar fitosanitarios, y luego, a partir de los 700 mts. si se pueden aplicar mediante receta agronómica y aprobación Municipal una serie de productos.
En ese marco, el licenciado en Administración Rural, Dante Garcianda, inició el proceso de recuperar un lote «abandonado» de 6 hectáreas junto a un pequeño productor en periurbano que, por este motivo de estar limitado en el uso y no poder aplicar productos, decide implantar alfalfa con destino a rollos. Es importante destacar que al estar sin uso el lote es un mal antecesor para lograr una buena alfalfa, por cuestiones de malezas principalmente.
Se sacó una muestra de suelo (0-20 cm) para analizar fósforo (P), materia orgánica (MO), y pH. Arrojó valores de P muy bajo, siendo la principal limitante para dicha producción.
Es así que, en enero 2024 se pasaron 2 manos de discos para bajar el volumen de malezas existentes. En marzo se dio otra mano (había quedado desparejo y muy bruto) con la idea de realizar la siembra, pero por bajas precipitaciones no se puedo concretar. La siembra se realizó el 12 mayo, con 13 kilos de alfalfa pura (semilla fiscalizada).
Fue un invierno, primavera y parte del verano muy seco, durante el mes de octubre se realizó el 1° corte (de limpieza) rindiendo tan solo 1 rollo/ha. Desde diciembre 2024 hasta diciembre 2025 tuvo 6 cortes más (el 9 de enero se realizó un nuevo corte), produciendo en total 31 rollos/ha. El número en si puede considerarse bajo, sin embargo, si analizamos el antecesor y el ambiente, “es excelente”, destacó.
Con el último corte, se lograron 211 rollos en total, totalizando 35 por hectarea.

“Que logremos transformar lotes abandonados en productivos no sólo mejora la economía del productor sino que es muy beneficioso para el ambiente”, remarcó y agregó: “la realidad es que lo que vimos desde el inicio a la actualidad pareciera que son dos lotes completamente distintos”.
A su vez, destacó que lograr mayor área de siembra de forrajeras se traduce en más actividad comercial ya que participan diversos prestadores de servicios, profesionales que asesoran, empresas de insumos, venta de combustible, repuestos y más. “Es una actividad económica muy necesaria en nuestros pueblos del interior”, concluyó.
