La necesidad de poder eficientizar el uso del agua en el marco del contexto climático que atraviesa el mundo lleva a investigadores a realizar diversos estudios, uno de ellos fue expuesto por el Ing. Agr. Pablo Larsonneau, del instituto Arvalis (Francia) en el Congreso Mundial de Alfalfa.
El estudio se posiciona bajo el paradigma de reintegrar el cultivo de alfalfa dentro de los «Límites Planetarios», un concepto crítico para la sostenibilidad de la agricultura moderna.
Este esfuerzo cuenta con el respaldo de una red institucional entre las que se encuentran Arvalis, el Institut de l’Élevage y el programa Cap Protéines, con el apoyo de iniciativas como France Relance, Climatveg y la participación activa de las cámaras de agricultura de las regiones de Rhône, Ardèche, Loire y Puy-de-Dôme.

La robustez del estudio se sustenta en una escala experimental de alta precisión:
• Temporalidad: 4 años de experimentación continua para capturar la variabilidad interanual.
• Diseño Experimental: Implementación en 3 sitios de Arvalis y 5 ensayos en campos de productores reales (Réseau), garantizando la aplicabilidad de los datos en condiciones de producción comerciales.
• Objetivo Estratégico: Cuantificar la respuesta biológica al riego tanto en alfalfa como en gramíneas forrajeras para optimizar el uso de recursos hídricos.
El valor estratégico
En un contexto de crisis climática, la gestión del riego no puede ser una práctica intuitiva. Por ello, se busca aportar datos concretos para que el uso de agua para riego sea una herramienta de precisión, asegurando la estabilidad productiva en regiones vulnerables y validando el papel de la alfalfa como pilar de la resiliencia forrajera.
Para desglosar la curva de respuesta de la alfalfa frente al consumo de agua, se establecieron diversas modalidades de riego. El uso de sondas capacitivas fue central en la metodología, permitiendo un monitoreo en tiempo real del estado hídrico del suelo, dato fundamental para el cálculo preciso de las necesidades de Evapotranspiración Máxima (ETM).
Se analizaron 5 modalidades de riego:
• ETM 100: Suministro destinado a cubrir el 100% de los requerimientos hídricos.
• ETM 130: Régimen intensivo con un 30% adicional de agua sobre la ETM.
• ETM 50: Régimen de restricción moderada (50% de la ETM).
• Rainfed (Secano): Sin irrigación aplicada, operando bajo estricta pluviometría.
• Riego «Gestionado» (Managed): Una única aplicación estratégica después de cada cosecha, condicionada a la necesidad hídrica del momento.

La intención detrás del riego gestionado es maximizar la recuperación de la alfalfa tras el estrés del corte con el mínimo aporte posible. Este enfoque busca romper con la tradición del riego intensivo, demostrando que intervenciones puntuales pueden ser más eficientes que el mantenimiento de niveles máximos de hidratación constante.
El agua no solo altera el volumen de materia seca, sino que redefine la arquitectura biológica de la alfalfa.
El régimen hídrico altera drásticamente la distribución de las raíces. En condiciones de ETM 100, la planta concentra su proporción de raíces en el horizonte superior de 30 cm, donde el recurso es abundante.
Por el contrario, la alfalfa en secano mantiene un perfil más distribuido, explorando horizontes de hasta 70-80 cm.
El riego intensivo vuelve al sistema radicular «perezoso». Una planta dependiente de horizontes superficiales es extremadamente vulnerable si el suministro de riego falla, mientras que una arquitectura radicular profunda, fomentada por regímenes moderados, incrementa la resiliencia ante sequías extremas.
La calidad nutricional es el factor que determina la rentabilidad real en la nutrición animal. El estudio analizó las Unidades Forrajeras Leche (UFL) y el contenido de Materias Nitrogenadas totales (MAT) bajo diferentes niveles de estrés.
• Valores de referencia: Independientemente del riego, la calidad se mantuvo estable con UFL oscilando entre 0.8 y 0.9, y la MAT manteniéndose entre 20% y 23%.
• Estabilidad proteica: La alfalfa demuestra una capacidad notable para mantener su valor proteico incluso bajo restricciones hídricas, lo que valida su robustez como cultivo forrajero.
El éxito de la alfalfa para «regresar a los límites planetarios» depende de la capacidad para proteger la soberanía proteica optimizando cada gota de agua. Estos datos confirman que es posible alcanzar una producción sostenible y de alta calidad mediante regímenes hídricos moderados, asegurando que la alfalfa siga siendo el pilar de la autonomía forrajera en un clima cambiante.






