Alfalfa, pasar de cantidad a calidad

Los rastrillos ROC dijeron presentes en ExpoAgro. La tecnología italiana se mostró en la muestra de la mano de Piersanti, que festejó sus 40 años.

La alfalfa se ha consolidado como un cultivo pilar tanto para el mercado interno como para la creciente demanda de exportación en Argentina. Sin embargo, el sector atraviesa una fase de transición crítica donde el volumen de biomasa ya no es suficiente por sí solo; el nuevo imperativo estratégico para el productor argentino es la migración de la «cantidad» hacia la «calidad». 

En un mercado global cada vez más exigente, producir materia seca sin valor nutricional compromete la rentabilidad y el posicionamiento del país como proveedor de excelencia. Por eso, Denis Uboldi, director comercial y de marketing de la empresa destacó la importancia de “eficientizar los procesos de recolección y que estos no degraden el material”.

En diálogo con TodoAlfalfa, el empresario italiano atendió a nuestro medio en el stand de Piersanti Plataformas que en el marco de sus 40 años presentó este rastrillo como la novedad para el sector forrajero.

Claro está que nuestro país atraviesa una actualidad con abundancia de pasto, pero padece una carencia estructural de valor nutricional en el producto final. Uno de los análisis apunta a la falla que se suele presentar a la hora de recolectar el material.

Con la necesidad que el sector posee de adoptar tecnologías en cada uno de los procesos, Piersanti de la mano de ROC ofrece soluciones concretas. Uboldi, con trayectoria en la producción de alfalfa para deshidratado, dejó en claro que la excelencia forrajera exige entender que la calidad se define en los detalles de la mecanización, superando las limitaciones críticas que históricamente ha impuesto la maquinaria de arrastre convencional.

El éxito o fracaso de una reserva forrajera se decide durante el rastrillado

Esta etapa determina si el producto final será un forraje premium o una reserva contaminada, ya que la manipulación del material vegetal es el punto más vulnerable de la cadena.

Uboldi planteo diversos escenarios y realizó comparaciones:

El rastrillo giroscópico es una tecnología basada en el arrastre del material y que puede presentar deficiencias que impactan directamente en la pureza del forraje:

Incorporación de contaminantes: Si no está bien calibrado, los dedos del rotor arrastran suciedad, piedras y residuos de cultivos previos (como rastrojo de maíz) hacia el interior de la hilera.

Daño mecánico al rebrote: El impacto de los rastrillos tradicionales es devastador para la «pequeña caña» y las hojas laterales que comienzan a emerger pocos días después del corte. Este daño es especialmente crítico si ha ocurrido una lluvia tras el segado, acelerando un rebrote tierno que la maquinaria convencional destruye al pasar.

Pérdida de hojas por fricción: El arrastre violento desprende la hoja, donde reside la mayor concentración proteica, perdiendo el valor que el productor se esforzó en cultivar.

Para Uboldi, la alfalfa es una planta con «memoria». Las agresiones mecánicas y el estrés hídrico o físico se acumulan, afectando su persistencia. Un manejo deficiente mediante rastrillados agresivos reduce la vida útil del alfalfar.

Para evitar esto, asegura el empresario que es fundamental el concepto de «levantado» que ofrece la ROC mediante dedos muy ligeros que busquen el producto de abajo hacia arriba sin golpear la corona ni el rebrote.

Innovación en el procesamiento: El concepto de rastrillo de cinta 

La arquitectura de la maquinaria es determinante para preservar la integridad de la alfalfa. La tecnología ROC, con más de 20 años de historia perfeccionando el concepto de «merger», representa el estándar global en esta materia.

Uboldi remarcó que está tecnología ofrecida en Argentina por Piersanti es “única en el mundo”. 

“Es la única maquinaria a nivel global diseñada para levantar la totalidad del producto antes de formar la hilera central, garantizando que nada sea arrastrado por el suelo”, remarcó y agregó que “utiliza dedos extremadamente ligeros con un movimiento de abajo hacia arriba, lo que evita el contacto con la tierra y preserva intactas la pequeña caña y las hojas”.

Además, “el forraje viaja sobre una cinta, eliminando la pérdida de material incluso en alfalfas cortas o cuando se transita sobre irregularidades como huellas de tractor o pozos”, a su vez que “la cinta deposita el material de forma aireada. Esta hilera esponjosa permite que el forraje continúe respirando y reciba el flujo del viento, acelerando un secado uniforme y de alta calidad”.

La eficiencia no solo radica en la velocidad, sino en la protección del activo más valioso: el suelo. La compactación es el enemigo silencioso de la productividad de la alfalfa, y la tecnología de cinta ofrece una solución basada en el tráfico controlado, que permite a diferencia de otra tecnología no pasar por la “misma huella” evitando el compactado.

La situación geopolítica posiciona a Argentina en un buen lugar ¿lo aprovecha?
Sin ser un experto, Uboldi fue consultado sobre la situación que atraviesa Medio Oriente y la guerra entre Irán y Estados Unidos. Está coyuntura, según la mirada de Uboldi, “generó un viraje en la percepción de los mercados internacionales”. 

La creciente fricción entre Irán y Estados Unidos ha desgastado la imagen de este último como proveedor tradicionalmente hegemónico, abriendo una ventana de oportunidad histórica para Argentina.

Para el referente de la empresa “la tecnología debe adaptarse al cliente y no el cliente a la tecnología”, con esa premisa desde ROC entienden que si hay un cambio de paradigma Argentina se encuentra ante una posición inmejorable.

Cree Uboldi que “si Argentina logra alinear su potencial productivo con la innovación técnica y la apertura política, la alfalfa nacional se consolidará como un referente de excelencia global”.