El ecosistema de la ganadería conectado

El heno de precisión conlleva una revolución tecnológica para lograr que la producción esté regida por la ciencia de datos y la precisión mecánica, y que nada quede librado al azar. El especialista de productor de John Deere, Federico Sánchez, brindó una charla en la que abordó diversos temas.

La producción de forrajes ha dejado de ser una tarea basada únicamente en la intuición o la tradición artesanal para transformarse en una disciplina regida por la ciencia de datos y la precisión mecánica. 

El ingeniero agrónomo. especialista en producto de John Deere. Federico Sánchez, dejó en claro que el sector atraviesa una metamorfosis hacia lo que él denomina el «ecosistema ganadero conectado». 

En este nuevo paradigma, la eficiencia no se mide solo por la cantidad de material recolectado, sino por la trazabilidad y la calidad nutricional de cada kilo producido.

Hoy en día, la obtención de datos en la henificación es tan imperativa como el mapa de rendimiento lo es para el cultivo de soja. Según Sánchez, las máquinas modernas no son meras herramientas de tracción, sino nodos generadores de información estratégica que permiten ajustar la tecnología de procesos en tiempo real. 

Como afirmó el especialista: «Los datos van a llevar a mejorar esa tecnología de proceso que tenemos en el campo». 

El corte, algo más que una segadora

El éxito de una reserva forrajera comienza con un corte limpio, preciso y paralelo al suelo. No se trata solo de derribar el cultivo, sino de proteger la longevidad de la pastura y garantizar la sanidad vegetal. 

Un corte deficiente genera heridas irregulares que obligan a la planta a gastar energía en cicatrizar, retrasando el rebrote y abriendo la puerta a patógenos. 

Una vez cortada, la planta entra en una carrera fisiológica: la respiración celular continúa consumiendo los azúcares que el ganado debería aprovechar. El objetivo es detener este proceso reduciendo la humedad del 80% inicial a un 50% de forma acelerada, para luego alcanzar el 20% final para una henificación segura.

El acondicionamiento es vital en esta etapa. Por eso, Sanchez remarca que los acondicionadores de rodillos son específicos para leguminosas, diseñados para quebrar el tallo sin dañar la hoja, donde reside la mayor calidad proteica.

La gestión de la andana también ha evolucionado. La nueva generación de máquinas permite conformar andanas anchas que alcanzan el 83% del ancho de la barra de corte, maximizando la exposición solar. Por el contrario, en suelos húmedos, se opta por la andana angosta para evitar la rehidratación por capilaridad. Esta flexibilidad, monitoreada digitalmente, es la que asegura que el proceso biológico se cumpla con éxito.

La tecnología en el campo: Sensores, pilotos y datos en tiempo real

La precisión ya no es un lujo para pocos. John Deere ha introducido un «Paquete Esencial» que democratiza el acceso a la tecnología: con una inversión de USD 500 en hardware y una licencia anual de USD 1.000, el productor accede a pilotos automáticos que eliminan solapamientos y optimizan las pasadas.

A través del Operations Center, se visualizan mapas de velocidad y, fundamentalmente, de humedad instantánea. Este sensor define la ventana de trabajo crítica; trabajar por encima del 20% de humedad conlleva riesgos de hongos y bacterias. 

Sobre la validación de estos datos, Sánchez aporta un consejo técnico fundamental: «Nunca tenemos que pinchar por el lado plano [del rollo] porque estoy entrando entre las curvas. Siempre tenemos que pinchar por la cara curva para poder atravesar varias capas y que el valor sea correcto».

En la henificación, el tiempo es el recurso más escaso. 

Por ello se trabajó en realizar modificaciones en las rotoenfardadoras con la finalidad de lograr eliminar los «tiempos muertos» mediante innovaciones de ingeniería:

Eficiencia de compuerta: La apertura y cierre es un 20% más rápida que en la serie anterior, reduciendo drásticamente el tiempo de detención por cada rollo.

Sistema de atado (Red vs. Hilo): Mientras que el hilo demanda unos 50 segundos, el atado con red requiere solo 2.5 rotaciones del rollo, completando el ciclo en 3 segundos.

Balanza integrada: A diferencia de los sistemas de lanza, John Deere utiliza un mecanismo de dos cuchillos (pins) que pesan el rollo al momento de la expulsión en apenas 3 segundos, permitiendo generar mapas de productividad (kilos de materia seca/ha) con mínima descalibración.

Sistema de precorte (Cutter): Los modelos Serie R incorporan un sistema de 14 cuchillas que trozan el material antes de ingresar a la cámara.

Aunque el uso del Cutter incrementa el consumo de combustible en el campo, este se compensa con creces al optimizar el procesamiento posterior en el mixer, logrando dietas más homogéneas con menor gasto energético total.

La evolución del forraje hacia una «tecnología de procesos» es irreversible. 

Además, Sanchez confirmó que regresarán al mercado argentino las segadoras autopropulsadas para finales de año. La clave del éxito, según la visión de Federico Sánchez, no reside solo en la robustez de los fierros, sino en la capacidad de transformar el forraje en una tecnología de procesos medible y rentable, donde cada dato capturado se traduzca en una mayor eficiencia en la conversión de carne o leche.