En busca de “potenciar” el cultivo de alfalfa

En la Fiesta Nacional de la Alfalfa, que tuvo lugar en San Basilio, Diego Costa de la empresa WL abordó esta temática desde un encuadre estratégico. Alternativas para lograr la transferencia tecnología a la producción real.

La genética de vanguardia que hoy tienen las semillas de alfalfa permiten, con un manejo correcto, lograr rindes importantes que hasta triplicarían las producciones actuales suelen decir los especialistas en la materia. 

Sin embargo, no se cumplen ciertos requisitos fundamentales para poder obtener esos márgenes y mucho queda en el camino, esa ineficiencia es “dinero que se deja de ganar”.

En ese marco, el ingeniero agrónomo Diego Costa, técnico de la empresa Alfalfas WL – Agvance SA brindó una charla donde intentó explicar que integrar genética de élite puede permitir lograr que el potencial teórico de la semilla se traduzca en una realidad productiva en el lote, sentando las bases para superar los actuales factores que restringen el rendimiento en el campo.

El techo, está en el suelo…

El análisis exhaustivo del suelo es el punto de partida crítico para cualquier planteo de alfalfa premium. Sin un diagnóstico claro, la inversión en genética superior corre el riesgo de no capitalizarse. 

El suelo actúa como el soporte y proveedor de recursos que, ante la presencia de limitantes, se convierte en un «techo» infranqueable para la productividad de materia seca.

A partir de los relevamientos técnicos presentados, se han identificado dos grandes grupos de factores que restringen la expresión del potencial genético:

Limitantes físicas: Factores estructurales, como la compactación o la baja porosidad, que impiden el correcto desarrollo radicular y alteran la dinámica del agua y el aire, coartando la capacidad de la planta para explorar el perfil profundo.

Limitantes químicas: Desafíos nutricionales, desequilibrios de pH y baja disponibilidad de nutrientes clave que actúan como cuellos de botella, impidiendo alcanzar los techos de producción de biomasa.

Es imperativo comprender que las alfalfas de alto potencial requieren un ambiente optimizado para expresar su superioridad. La genética no puede compensar por sí sola las deficiencias estructurales del suelo; por ello, es necesario identificar estas brechas mediante análisis de laboratorio, intervenir con correcciones precisas y monitorear la respuesta del cultivo. Esta realidad obliga al sector a adoptar alternativas tecnológicas externas para mitigar las restricciones del ambiente.

Hoy, el uso de productos biológicos y fitohormonas es una herramienta estratégica para potenciar la resiliencia y el vigor del cultivo frente a las exigencias productivas actuales, permitiendo que la planta supere el estrés abiótico y maximice su eficiencia metabólica.

Los tambos, un espacio donde ser más productivos es necesario

En la zona de influencia, la alfalfa constituye el insumo crítico y la base forrajera de la dieta en los establecimientos tamberos. La eficiencia en la conversión de forraje a leche depende directamente de la calidad y el volumen de materia seca digestible producida. Por lo tanto, cualquier incremento en el rendimiento del alfalfar impacta de forma inmediata en la rentabilidad y la competitividad del tambo.

Es imperioso que el productor tambero entienda la necesidad de superar las brechas físicas y químicas del suelo. Usar bioestimulantes que incremente el volúmen, permite estabilizar la oferta forrajera y recuperar más rápido el corte o el pastoreo.

Al maximizar la productividad de la alfalfa, el establecimiento reduce su dependencia de concentrados externos y asegura una base nutricional sólida y constante durante todo el ciclo productivo.