La empresa Bayá Casal realizó una jornada de actualización ganadera. En ese marco se abordaron diversos temas con profesionales que aportaron elementos para pensar una producción innovadora y eficiente.
La ganadería argentina atraviesa lo que Ricardo Bindi, coordinador de la iniciativa, definió como un «momentum» estratégico, un punto de inflexión donde la alineación institucional iniciada en 2014 ha permitido unificar las cadenas de valor. Este escenario no es producto del azar, sino de una visión donde la proteína animal se consolida como un motor de exportación y desarrollo nacional.
El mercado ha roto con el sesgo histórico de la dependencia exclusiva de la carne vacuna. Si bien el consumo de esta se ha ajustado (proyectando 45 kg por habitante frente a los 70 kg históricos), el consumo total de proteínas se mantiene en un sólido 115 kg, equilibrado por el crecimiento del pollo (50 kg) y el cerdo (22 kg).
La clave analítica reside en la eficiencia de conversión de maíz: mientras la ganadería vacuna requiere aproximadamente 8 kg de maíz para producir 1 kg de carne, la aviar solo necesita 1,7 kg y la porcina 2,8 kg. Este diferencial explica la reconfiguración del negocio y la necesidad de una ganadería vacuna de alta precisión para competir en rentabilidad.
Por lo que, posando la mirada desde una perspectiva financiera, el productor no debe paralizarse ante el valor nominal de la hacienda. Una vaca de $1.700 hoy puede parecer «cara», pero bajo la misma lógica se consideraba cara a $1.000 hace un año. El inversor agropecuario debe priorizar la valoración de activos reales por sobre el temor al precio de entrada, entendiendo que el momentum actual valida la inversión en sistemas eficientes.
Para capitalizar esta ventana de oportunidad los animales deben «comer bien», y eso exige una gestión científica del forraje y el suelo.
En ese marco, el ingeniero agrónomo Alejandro Re, del INTA Concepción del Uruguay, aseguró que la decisión económica más crítica es la implantación. “Es la inversión inicial que define el costo de la materia seca (MS) por los próximos 4 a 5 años. Una falla aquí destruye la rentabilidad a largo plazo”, remarcó.
Factores críticos de éxito:
- Selección de antecesores: Priorizar moha y soja de ciclo corto que liberen el lote temprano y minimicen el volumen de rastrojo.
- Ventana de siembra: El rango del 15 de marzo al 15 de abril es innegociable. Aunque el piso térmico es de 15°C, sembrar en febrero expone a la plántula al «golpe de calor», mientras que retrasarse hacia mayo compromete drásticamente el vigor invernal.
Por otra parte, pensando en suelos vertisoles, el fósforo (P) es el limitante principal. Los productores deben alcanzar niveles de 12 a 15 ppm. El análisis de rentabilidad es contundente: 1 kg de P aplicado puede generar entre 40 y 70 kg de MS adicionales. Con los precios actuales de la carne, esta respuesta paga con creces el costo del fertilizante y asegura la persistencia del stand de plantas.
La genética y la tecnología de las semillas forrajeras
El concepto de «planta alimento» lidera la evolución genética, priorizando la calidad foliar (más hoja) para maximizar la digestibilidad y la ganancia diaria de peso. En ese marco, el ingeniero agrónomo Pablo Sanchez de Bayá Casal abordó la temática explicando que “la semilla moderna actúa como un vehículo de procesos”.
El peleteado profesional debe incluir:
* Inoculantes (LalRiz Vita): Para solubilizar fósforo y potenciar la exploración radicular.
* Fungicidas (Vibrance): Protección integral en el arranque.
* Polímeros de fluidez avanzados: Cruciales para evitar el «polvillo» (dust). Esto asegura que los ingredientes activos permanezcan adheridos a la semilla y no se acumulen en el fondo de la bolsa, garantizando una siembra uniforme.
El ingeniero agrónomo Gervasio Piñeiro, del CONICET – FAUBA, expuso las dietas de suelos en sistemas sustentables. Bajo la analogía del «Bob Esponja», el suelo es una estructura que debe mantenerse «expandida» mediante la alimentación biológica constante para cerrar la brecha de carbono.
Materia Orgánica «Marrón» (POM) vs. «Negra» (MAOM):
1. POM (Particulada): Formada por restos de raíces. Es la reserva de corto plazo.
2. MAOM (Asociada a minerales): Es la materia orgánica estable. Dato Estratégico: La construcción de MAOM (negra) no solo requiere carbono; exige un balance positivo de nutrientes (N, P, S) que actúan como «pegamento» para fijar el carbono a la arcilla.
Eficiencia bajo suelo
El rastrojo aéreo tiene una eficiencia de formación de materia orgánica de apenas el 5%. En contraste, las raíces son 10 veces más eficientes (50%). Engordar el suelo requiere gramíneas con sistemas radiculares potentes y activos.
La fábrica líquida la vicia es un ejemplo paradigmático: es capaz de exudar («escupir») hasta un 30-40% de su fotosíntesis y nitrógeno directamente al suelo en forma líquida antes de ser suprimida. Este nitrógeno del aire se convierte en fertilizante real para la materia orgánica negra sin necesidad de esperar la descomposición del tejido muerto.
Ganadería de precisión y gestión del pastoreo
Desde el INIA Uruguay llegó el Ing. Agr. Fernando Lattanzi para hablar sobre la necesidad de ser eficientes. “La precisión consiste en gestionar el «electrocardiograma» del crecimiento del pasto, condicionado por estreses térmicos e hídricos.
La persistencia de las gramíneas templadas en verano no es solo cuestión de altura, sino de física térmica. Los productores no deben pastorear a fondo a las 9:00 AM; al eliminar el área foliar, la planta pierde su capacidad de transpirar, su temperatura sube a 60°C y se «cocina».
El pastoreo vespertino permite que la planta recupere 1 cm de hoja por la noche, permitiéndole transpirar y regular su temperatura al día siguiente. Se deben mantener remanentes altos de 8-10 cm.
Gestión del stock y el límite del «feteado»
El stock de pasto es la métrica reina para la toma de decisiones semanal. Un animal tiene un límite físico de 11 a 12 horas de pastoreo diario. Si el stock es bajo, el animal debe dar más bocados (hasta 75.000) para llenarse. Al superar su tiempo límite, el consumo total y la ganancia de peso colapsan.
El futuro del sector depende de transformar el manejo tradicional en una empresa de procesos tecnológicos, donde cada bocado y cada gramo de nutriente en el suelo sea gestionado con precisión quirúrgica.



