La alfalfa, el uso sostenible y la producción ganadera

Comprender los beneficios ecológicos es fundamental para poder lograr los objetivos. Allí apuntaron los especialistas que disertaron y discutieron en una de las sesiones del Congreso Mundial de Alfalfa.

Un panel de especialistas en producción de alfalfa para ganado vacuno entablaron una “discusión” sobre el futuro de la alfalfa. Del mismo participó el argentino Diego Calatayud, ingeniero agrónomo, Yuying Shen de China, experta en ecosistemas de pastizales y técnicas de cultivo de forrajes y Cedric McLeod de Canadá, consultor enfocado en la sostenibilidad agrícola, presidente de la Canadian Forage and Grassland Association y gestor de una nueva explotación agrícola en Nuevo Brunswick.

Previo a ellos, disertaron Yingjun Zhang de China, Valentino Solfrini y Ziben El Ghazzal de Francia. Esto se dio en el marco de la sesión V del Congreso Mundial de la Alfalfa en Reims, Francia, el debate se centró en el tema «sistemas de cultivo basados en alfalfa en el uso sostenible de la tierra para la producción ganadera».

Para integrar la alfalfa de manera efectiva en los sistemas agrícolas sostenibles, es estratégico comprender primero sus beneficios ecológicos fundamentales en comparación con otras leguminosas. 

Los panelistas subrayaron que estas ventajas inherentes son la base sobre la cual se pueden construir modelos de producción más resilientes y respetuosos con el medio ambiente.

La Profesora Yuying Shen argumentó con claridad las diferencias clave que posicionan a la alfalfa por encima de leguminosas anuales como los guisantes (arvejas) y la soja. Sus puntos destacan un perfil ecológico robusto que va más allá de la simple producción de forraje:

• Perennidad y salud del suelo: Al ser una planta perenne, la alfalfa mantiene una cobertura vegetal constante durante varios años. Esto reduce la necesidad de laboreo anual, un factor clave para mitigar la erosión eólica e hídrica, especialmente en regiones semiáridas.

• Sistema radicular profundo: Sus raíces profundas actúan como un acondicionador natural del suelo, mejorando su fertilidad física. Esto aumenta la capacidad de infiltración y retención de agua, un beneficio crucial en tierras degradadas o con baja fertilidad.

• Producción de biomasa: La alfalfa ofrece una alta producción de biomasa a lo largo del año gracias a sus múltiples cortes, lo que la convierte en una fuente de forraje altamente productiva y eficiente.

• Beneficios para la salud animal: El alto contenido de calcio de la alfalfa tiene un impacto directo en la salud del ganado. Según Shen, su uso en la alimentación animal puede reducir la incidencia de ciertas enfermedades, lo que a su vez disminuye los costos veterinarios y de insumos para los agricultores.

Contribuciones a la mitigación del cambio climático

El debate giró entonces hacia un punto crítico: el papel cuantificable de la alfalfa en la lucha contra el cambio climático. Shen, al comentar sobre una presentación anterior, destacó los hallazgos de un estudio de 10 años que demostró un «efecto significativo» al introducir alfalfa en pastizales degradados, tanto en la captura de carbono como en el fomento de la actividad microbiana.

Sin embargo, Valentino Solfriti, moderador italiano de la sesión introdujo un desafío crucial: la cuantificación. Para que estos beneficios sean reconocidos en el marco de objetivos como la meta «Net Zero» de Europa para 2050, no basta con afirmar las ventajas. Es imperativo probarlas y certificarlas mediante metodologías estandarizadas. 

Como él mismo señaló, basándose en su experiencia con el análisis de ciclo de vida (LCA): «No se puede simplemente decir que la alfalfa mitiga el cambio climático. Tenemos que demostrarlo». 

Esta necesidad de validación conecta los beneficios ecológicos de la alfalfa con los desafíos prácticos de su implementación y, cómo se vería más adelante, con las soluciones de ingeniería necesarias para medir y gestionar sus aportes.

Llevando la alfalfa más allá de sus fronteras tradicionales

La conversación evolucionó desde el reconocimiento del potencial de la alfalfa hacia un debate estratégico sobre cómo desbloquearlo. El panel dejó claro que el futuro del cultivo exige un cambio de una visión centrada en la planta a una perspectiva centrada en el sistema, explorando cómo extender sus beneficios más allá de sus fronteras tradicionales en la ganadería hacia una agricultura más amplia, diversificada e interconectada.

Agronomía + ingeniería

Cedric McLeod defendió una perspectiva que combina las buenas prácticas agronómicas con la tecnología como la clave para materializar el valor total de la alfalfa. Argumentó que la solución reside en la sinergia entre agronomía e ingeniería:

  • desmarcadaNuevos enfoques agronómicos: Es fundamental seguir investigando en prácticas como los cultivos intercalados (intercropping) y, de manera crucial, desarrollar variedades de alfalfa especializadas para cumplir funciones específicas dentro de estos sistemas complejos.
  • desmarcadaGestión de nutrientes “en otras áreas”: McLeod propuso un cambio de paradigma: en lugar de concentrar los nutrientes en las zonas ganaderas, se debe buscar la manera de trasladar la densidad de nutrientes (especialmente el nitrógeno fijado por la alfalfa) hacia otras áreas del paisaje donde se producen granos y concentrados.
  • desmarcadaApalancamiento de la ingeniería: Para lograr este traslado, propuso el uso de tecnologías como los sistemas de biogás. Estos sistemas pueden procesar cultivos energéticos ricos en nitrógeno como la alfalfa, convirtiendo el nitrógeno en formas estables y transportables. Esta propuesta aborda directamente el desafío de la cuantificación: para probar los beneficios climáticos de la alfalfa, es necesario contar con la ingeniería que permita gestionar y movilizar sus productos de manera medible.

No buscar un sistema único sino adoptar un enfoque flexible

Diego Calatayud argumentó que la optimización no depende de encontrar un único «sistema de cultivo» perfecto, sino de adoptar un enfoque flexible centrado en la gestión y la genética. 

Esta filosofía operativa subraya que el éxito proviene de la adaptación inteligente, no de un modelo único. La clave, según su perspectiva, es encontrar un «equilibrio entre las ventajas y desventajas de la alfalfa» en cualquier sistema. Un ejemplo práctico ofrecido fue el ajuste de la densidad de siembra en un cultivo intercalado con trigo para gestionar la competencia.

La proteína y el rol de la Alfalfa

La discusión se adentró en la geopolítica de la proteína, examinando cómo la alfalfa podría ser una herramienta para desmantelar la dependencia estratégica de Europa y Asia de la soja importada para la alimentación animal. 

El panel analizó el potencial del cultivo como sustituto y los obstáculos que debe superar para desempeñar este papel de manera efectiva.

Yuying Shen calificó a la alfalfa como un sustituto «muy importante» de la harina de soja importada, una visión especialmente relevante para China. Su análisis reveló un claro contraste entre el potencial del cultivo y los desafíos prácticos:

• Potencial: La alfalfa puede reducir significativamente la dependencia de las importaciones de soja, fortaleciendo la soberanía alimentaria y disminuyendo la huella de carbono asociada al transporte global de materias primas.

• Desafío: La principal barrera es la dificultad para incorporar la alfalfa de manera eficiente en las raciones de animales monogástricos, como cerdos y pollos, que son pilares de la industria pecuaria.

• Solución innovadora: describió una técnica prometedora: el uso de hojas de alfalfa deshidratada. Al separar las hojas ricas en proteínas de los tallos fibrosos, se obtiene un producto que, según afirmó, puede reemplazar «totalmente» la harina de soja en la industria porcina, aunque reconoció que obtenerlo en grandes cantidades sigue siendo un reto.

Hacia un futuro integrado para la alfalfa

La idea central fue clara: el futuro del cultivo depende de cerrar la brecha entre su vasto potencial ecológico y los complejos cambios agronómicos, tecnológicos y sistémicos necesarios para realizarlo a escala global. 

Los expertos perfilaron una visión donde la alfalfa es una piedra angular para la salud del suelo y la mitigación climática, pero cuyo valor solo puede ser plenamente capitalizado a través de un enfoque integrado. 

Esto exige una combinación de genética avanzada que mire más allá del simple rendimiento, una gestión agronómica flexible que equilibre sus fortalezas y debilidades en sistemas diversificados, y una ingeniería audaz capaz de gestionar y transportar sus aportes de nutrientes a lo largo del paisaje agrícola. 

Si bien su papel como alternativa directa a la soja es prometedor, el panel sugirió que su impacto más poderoso e inmediato en la alimentación mundial reside en la optimización de su rol dentro de los sistemas ganaderos. 

Por lo tanto, desde el centro de congresos de Reims, se subrayó que la alfalfa es mucho más que un forraje; es un componente dinámico y esencial para el diseño futuro de una agricultura verdaderamente sostenible.