Manuel Morales, catedrático del Departamento de Ecología de la Universidad Autónoma de Madrid, disertó en el Congreso Mundial de Alfalfa y puso en debate la percepción tradicional de uno de los cultivos forrajeros más extendidos del planeta.
Con un mensaje disruptivo dejó en claro que la alfalfa no es solo un mero insumo para la ganadería, sino que desempeña un papel crucial e infravalorado en la conservación de la biodiversidad.
Según Morales y su equipo, los investigadores David González del Portillo y Beatriz Arroyo, este cultivo podría ser una herramienta clave para desarrollar una agricultura que opere dentro de los «límites planetarios», reconciliando la producción de alimentos con la salud de los ecosistemas.
Las conclusiones expuestas no son fruto de la especulación, sino de una exhaustiva revisión sistemática de la literatura científica, un trabajo que ha sido publicado en la prestigiosa revista Journal for Nature Conservation.
Esta base académica confiere un peso especial a sus argumentos que desvelan la sorprendente capacidad de los alfalfares para funcionar como oasis de vida en los paisajes agrícolas.
El ecosistema de la alfalfa: Un análisis de sus beneficios para la biodiversidad
Para comprender el valor real de la alfalfa, es necesario cambiar la perspectiva y dejar de ver los cultivos como monocultivos aislados para empezar a considerarlos como hábitats potenciales.
Así, Morales detalló como los campos de alfalfa, gracias a su estructura y ciclo de vida, actúan como refugios vitales para una amplia gama de seres vivos, desde insectos diminutos hasta grandes aves.
Refugio para los artrópodos
Los campos de alfalfa albergan un universo de artrópodos. La investigación sistemática revela que, de entre 250 y 1.000 especies de artrópodos asociadas a este cultivo en todo el mundo, apenas entre 10 y 150 pueden causar daños, y muy pocas llegan a ser consideradas plagas. Este hecho desmonta la idea de que la alfalfa es un imán para los problemas fitosanitarios y, en cambio, pone de manifiesto un doble beneficio ecológico.

Por un lado, sus flores atraen a polinizadores clave, como las abejas, que son esenciales para la reproducción de innumerables plantas. Por otro, los alfalfares fomentan la presencia de depredadores naturales que actúan como un servicio de control biológico gratuito.
Especies como los hemípteros del género Orius, mariquitas, carábidos y arañas encuentran en la alfalfa un hábitat idóneo desde el que se desplazan a los cultivos circundantes para controlar las poblaciones de pulgones y otras plagas.
Sin embargo, este delicado equilibrio es frágil. El régimen de siega intensivo puede tener un impacto devastador sobre estas poblaciones de insectos beneficiosos. La solución propuesta por los investigadores es tan simple como eficaz: dejar franjas sin cosechar. Esta práctica funciona como un refugio permanente, ofreciendo una alternativa mucho más sostenible que el uso de pesticidas.

Restauración de ecosistemas
El papel de la alfalfa va más allá de los límites del propio campo cultivado, erigiéndose como una herramienta valiosa para la restauración de ecosistemas degradados. Estudios de caso en Hungría y China, citados en la ponencia, han demostrado que su siembra en terrenos sobreexplotados puede actuar como un catalizador ecológico.
La gestión, clave
A pesar de su enorme potencial, los beneficios de la alfalfa para la biodiversidad no son automáticos. Dependen de manera crítica de las prácticas de manejo agrícola. Como advirtió Morales en su presentación, “una gestión inadecuada puede convertir este hábitat prometedor en una amenaza directa para las mismas especies que se pretenden proteger, generando efectos contraproducentes”.
El concepto de «trampa ecológica» describe una situación en la que un animal es atraído a un hábitat que parece ideal, pero que esconde un peligro mortal. En el caso de la alfalfa, el ejemplo para la región Argentina puede establecerse con liebres, perdíz, teros. Estas aves y animales encuentran en los alfalfares un lugar perfecto para anidar, pero si la siega se realiza durante el período de cría, el resultado es la destrucción masiva de nidos. Lo que parecía un refugio seguro se convierte en una trampa mortal con un impacto devastador para la población de una especie ya amenazada.

Con la mirada en una agricultura integrada
La ponencia de Manuel Morales y su equipo destila un mensaje central: la alfalfa posee un potencial extraordinario para alinear la agricultura con los objetivos de conservación, pero este potencial solo se materializará a través de un enfoque científico y una gestión adaptada a las condiciones locales.
La alfalfa ha demostrado ser una herramienta de gran utilidad para fomentar la biodiversidad y para la restauración de pastizales. Estas características la convierten en una opción idónea para ser incluida en las políticas de Esquemas Agroambientales (AES).
La doble vida de la alfalfa, por tanto, no es un misterio sino una elección. En manos de un agricultor informado, deja de ser un simple campo de forraje para convertirse en un microcosmos vibrante.
Como demostró la ponencia de Morales, con la gestión adecuada, este cultivo se revela como un poderoso aliado para que la agricultura regrese, por fin, a los límites planetarios, reconciliando el plato y el planeta.
