Reimaginar el papel de la alfalfa para una agricultura sostenible y equilibrada

El director ejecutivo de la Asociación Canadiense de Forrajes y Pastizales, Cedric McLeod, dialogó con TodoAlflafa y lanzó un desafío interesante que contrasta con la visión tradicional de la alfalfa.

En busca de una agricultura más equilibrada y sostenible, el referente del forraje canadiente Cedric McLeod dejó en claro su postura. Lejos de ver a la alfalfa como un pilar del sector ganadero, asegura que su potencial se afirma pensando en una integración más profunda con los sistemas de cultivo anuales. 

En el marco del Congreso Mundial de Alfalfa, donde se reunieron los profesionales más destacado de la materia, permitió que se puedan plantear diversas ideas y posibilidades. Fue en ese marco que McLeod relató sus encuentros con perfiles tan dispares como una joven de Nueva Zelanda que pastorea 15,000 ovejas y un comprador de uno de los mayores exportadores de forraje del mundo. 

Esta mezcla de perfiles, desde el productor en el campo hasta el estratega del comercio global, hizo de la experiencia algo único. Fue «muy divertido representar a Canadá en ese entorno», reflexionó McLeod, debido a la variedad de personas con «diferentes ideas, buscando cosas diferentes, haciendo diferentes preguntas y teniendo diferentes conversaciones». Este cumulo de experiencias fue el telón de fondo perfecto para la visión innovadora que presentó en su panel.

Si bien la alfalfa es valorada por sus contribuciones a la salud del suelo, Cedric McLeod advierte que una visión incompleta de su ciclo de nutrientes amenaza con socavar su propio potencial sostenible. 

Es célebre por su capacidad de fijar nitrógeno atmosférico —un «nitrógeno gratuito» que, como señala McLeod, «compensa el uso de gas natural para producir urea»— y por mejorar la estructura del suelo con sus profundas raíces. Sin embargo, su análisis va más allá, exponiendo una problemática fundamental que la industria a menudo pasa por alto.

El argumento central de McLeod se centra en el desequilibrio que genera el modelo actual. Es que, si bien la alfalfa aporta nitrógeno, también extrae cantidades significativas de potasio y fósforo del suelo. El problema se agrava cuando el cultivo se desvincula geográficamente de la ganadería. 

McLeod utilizó el ejemplo de una región de Francia que visitó, donde una «enorme industria de alfalfa deshidratada» prospera en medio de una zona de cultivo puro, sin granjas ganaderas a la vista. 

Esto significa que los nutrientes clave extraídos, como el potasio y el fósforo, son transportados en el forraje a otros lugares y no regresan a su suelo de origen. Este modelo exporta la fertilidad del suelo, creando un doble riesgo sistémico: el agotamiento de nutrientes en las zonas de cultivo y una potencial concentración de nutrientes, con los consiguientes riesgos medioambientales, en las lejanas regiones ganaderas. 

Por ello, el entrevistado asegura que la industria tiende a aislar a la alfalfa «dentro del sector de los rumiantes», sin considerar su impacto en el «flujo de nutrientes» a una escala más amplia.

Para superar este desafío, McLeod propone una solución que requiere pensar «fuera de la caja» y reimaginar el papel de la alfalfa. Su visión consiste en dejar de verla como un cultivo exclusivo para el ganado y comenzar a «integrarla de manera más efectiva con los sistemas de cultivo anuales». 

Solo así, argumenta, se podrá «utilizar plenamente el poder» de esta leguminosa para equilibrar los ciclos de nutrientes en todo el ecosistema agrícola.

Esta visión no es meramente teórica. McLeod se mostró optimista tras conocer los últimos avances científicos presentados en el propio foro. «Me sentí realmente alentado al escuchar sobre algunas de las investigaciones agronómicas que se están llevando a cabo», comentó, refiriéndose a los esfuerzos de mejoramiento genético para desarrollar fenotipos de alfalfa específicamente adaptados para «escenarios de cultivos intercalados». 

Estos avances permitirían que la alfalfa coexista y complemente a los cultivos anuales, restaurando el equilibrio de nutrientes directamente en el campo. Para McLeod, este enfoque es fundamental para el futuro del sector, afirmando que es el «tipo de pensamiento innovador que realmente necesitamos como industria de la alfalfa» para que este cultivo impregne todo el sector agrícola y no se limite exclusivamente a los sectores de rumiantes.

Esta visión de una agricultura integrada no solo es una propuesta teórica; se fundamenta en la capacidad de actores clave como Canadá para influir en el mercado global. McLeod subrayó el papel estratégico que desempeña su país en el comercio mundial de forrajes, donde la perspectiva y capacidad de producción canadienses son fundamentales para la estabilidad del comercio internacional.

Detalló la posición de Canadá en el mercado con datos clave:

Posición global: Es el cuarto mayor exportador del mundo.

Enfoque principal: Productos de heno de gramíneas como Timothy y pasto ovillo, aunque mantiene una actividad significativa en la industria de la alfalfa secada al sol.

Relación con EE. UU.: Es un socio clave del exportador número uno del mundo, Estados Unidos, con quien mantiene una estrecha relación comercial.

Mercados clave: Canadá es un proveedor importante para el noreste de Estados Unidos (llegando hasta Florida) y mantiene relaciones comerciales de largo plazo con compradores en Corea del Sur y Japón, mercados consolidados para el Timothy canadiense.

Para McLeod Canadá está «feliz, listo y dispuesto a seguir desempeñando un papel importante en el comercio mundial de forrajes». Además, enfatizó que siempre están «buscando nuevas oportunidades para expandirse».

Desde el norte del continente americano, en el corazón de Europa, desafían a la industria a repensar la alfalfa no como un simple producto, sino como un pilar para un sistema agrícola más inteligente e integrado.