Rio Negro tuvo un inicio de año marcado por la situación coyuntural internacional, sumado a una historica sequía; a todo ello, se le deben agregar los embates de la política doméstica que genera situaciones de inestabilidad.
A pesar del rigor climático, Río Negro ha demostrado una eficiencia operativa superior. Mientras provincias vecinas como Chubut sufrieron la pérdida de 65,000 hectáreas por incendios, Río Negro limitó la afectación en Bariloche a solo 9 hectáreas.
Este resultado no fue azaroso: respondió a una inversión estratégica en tecnología alemana de alerta temprana y la contratación de helicópteros pesados con capacidad de 4,000 litros.
Esa eficiencia se intenta aplicar en el sector agroproductivo con la transición de tierras frutícolas en crisis hacia cultivos más estables y demandados, como la alfalfa y el maíz.

La alfalfa como eje estratégico: El desembarco de la pampa húmeda
La provincia ha consolidado unas 30,000 hectáreas de alfalfa, posicionándose como el pulmón forrajero de la Patagonia. Sin embargo, el fenómeno más disruptivo ocurre fuera del sistema tradicional de riego: existen ya 90,000 hectáreas desarrolladas por inversores privados de la pampa húmeda que, mediante el uso de pivots, están transformando el paisaje productivo. El objetivo de alcanzar las 100,000 hectáreas totales es ambicioso, pero enfrenta techos estructurales que exceden la voluntad del productor.
Para Banacloy, la mirada exportadora es hoy un deseo condicionado por la realidad del mercado doméstico. Con un tipo de cambio anclado y costos internos al alza, el mercado interno patagónico —aún poco autosuficiente— resulta más atractivo que la salida al puerto.
Los obstáculos para el crecimiento se resumen en tres ejes críticos:
Logística: El costo del transporte es hoy «insoportable» para largas distancias, lo que confina el producto al consumo regional.
Atraso cambiario: Un dólar que no acompaña la inflación interna desincentiva la competencia en las «grandes ligas» del hemisferio sur.
Demanda ganadera: El crecimiento del rodeo regional absorbe la oferta actual, postergando los saldos exportables.
Al respecto, el ministro es tajante: «Es muy difícil que haya productores que estén mirando la exportación cuando el mercado interno sigue siendo cada vez más interesante».
Infraestructura, el problema de la energía
El potencial de Río Negro reside en sus 675 km de río, un recurso subutilizado que exige inversión estatal en electrificación. Aquí surge una de las mayores ironías del federalismo argentino: la «dicotomía energética».
La región del Comahue genera cerca del 40% de la electricidad del país, pero el «kilómetro cero» para la fijación de precios y distribución se define en Buenos Aires. Esto obliga a los productores rionegrinos a regar utilizando motores a gasoil —costosos e ineficientes— mientras las represas hidroeléctricas están a pocos kilómetros.
A esto se suma el colapso de la infraestructura vial. Banacloy destacó que las rutas nacionales 22, 151 y 23 están «destruidas», afectando la calidad de la fruta que compite con potencias como Chile, Sudáfrica o Nueva Zelanda.
«Si hubo problemas de malversación o desidia en el pasado, no es para ponerte hoy a vos la culpa, pero tiene que haber una agenda sobre esto», afirma, sugiriendo incluso la transferencia de las rutas a la órbita provincial si la Nación no puede mantenerlas.

Reconversión productiva
El Estado provincial ha intervenido activamente para rescatar al pequeño productor frutícola que ha quedado fuera de escala. A través de la radicación voluntaria de montes frutales obsoletos, se busca evitar la depreciación de la tierra y la concentración latifundista.
Banacloy utiliza una analogía cruda: «Ese productor ya estaba en la banquina con el auto parado, con las balizas prendidas, fuera de juego… la provincia se hacía cargo de esa radicación… y automáticamente atrás ponías un plan para maíz, para alfalfa».
Este proceso es vital donde el mercado no llega, especialmente para actores como las cooperativas del tipo Fecovita, que agrupan a miles de productores que requieren herramientas de reorientación para no desaparecer frente a los costos de la mano de obra intensiva.
Exportar proteína «en cuatro patas»
La verdadera ventaja competitiva de Río Negro no es el fardo seco, sino su estatus sanitario superior (Libre de Aftosa sin vacunación y libre de mosca de los frutos). Exportar alfalfa «en cuatro patas» —convertida en proteína animal de alto valor— es el norte estratégico.
Sin embargo, el ministro lanza una crítica mordaz al sistema financiero argentino: «A mí me das 24 cuotas sin interés para comprar un televisor… y no para comprar un tractor de 100,000 dólares». Sin crédito para bienes de capital, la transformación de una ganadería que empezó de cero hace una década se torna excesivamente lenta.

La entrada de grandes grupos como Don Mario (Nafosa le vendió uno de sus campos) marca una tendencia y es muy positivo remarca Banacloy. Hoy la escala de 2.000 hectáreas es imposible de alcanzar para el productor individual sin financiamiento. No obstante, el mayor activo de Río Negro hoy es la previsibilidad institucional.
La proyección de la provincia como un hub exportador de gas y GNL a través de proyectos como Vaca Muerta Sur funciona como un «paraguas» de estabilidad a 20 o 30 años.
Esta previsibilidad atrae capitales que ven en el agro rionegrino un complemento sólido a la matriz energética. Banacloy concluye con una nota de identidad: «Lo más importante es tener los productores. Esta es una provincia que tiene cientos de productores… y eso la hace mucho más rica».
La integración de energía, forrajes y ganadería se perfila, finalmente, como el modelo de desarrollo definitivo para la región.



