En el escenario ganadero actual, la producción de reservas ha dejado de ser una tarea de contingencia para transformarse en una «cacería» estratégica de alta precisión. En ese marco, en una charla que brindó organizada por Sala Hnos, Concesionario John Deere, el ingeniero agrónomo, Pablo Cattani, propuso un cambio de paradigma radical: el productor debe dejar de fabricar bulto para empezar a «cazar nutrientes».
Bajo esta óptica, el forraje conservado no es un seguro contra la escasez, sino el motor principal de la rentabilidad. El entrevistado es tajante: «La ganadería debe tener previsibilidad y costos; hay que ser eficientes para producir comida».
No es un detalle técnico, es el factor que determina el margen económico, transformando el gasto operativo en una inversión con retorno directo sobre la producción de carne y leche. Sin previsibilidad técnica, no hay negocio posible.
La ganadería moderna exige proyecciones a 3, 6 y 12 meses. No es para menos, considerando que la alimentación representa aproximadamente el 60% del gasto mensual de un establecimiento.
En el sector lácteo, por cada litro de incremento inicial en el pico de producción —logrado gracias a un forraje de calidad—, se generan entre 150 y 200 litros adicionales durante el resto de la lactancia.
La verdadera «moneda de cambio» en el campo no es el kilo de pasto, sino la megacaloría; si no gestionamos la energía como un activo financiero, el éxito del novillo o la vaca lechera queda librado al azar.
Esta revolución de nutrientes comienza con una implantación perfecta. Por eso Cattani, con firmeza, aseguró: «¿Querés alfalfa? Sembrá densidad y distribuila bien». Para obtener una población de plantas robusta a los 120 días, el decálogo técnico es innegociable:
Densidad de siembra: No menos de 17-18 kg por hectárea, sino se compromete la cobertura y cedes terreno a las malezas.
Distribución: El uso de siembra cruzada o tecnologías de precisión como el piloto automático es vital. El costo de la tecnología se diluye frente a la ganancia de biomasa.
Profundidad y suelo: La siembra debe ser superficial. En años secos, el desafío es buscar el «pelo de agua» (incluso a 3 cm), pero manteniendo el suelo lo suficientemente suelto por encima para no castigar la emergencia. Dejar la tierra compactada sobre la semilla genera una competencia desigual entre plantas que arruina el lote desde el inicio.
Al llegar el momento de la cosecha, la maquinaria debe estar al servicio de los parámetros nutricionales y no a la inversa. Pequeños ajustes técnicos generan dividendos enormes. Por ejemplo, reducir la altura de corte de 4 a 2 pulgadas permite recuperar 1 tonelada adicional de materia seca por hectárea al cabo de tres cortes.
El objetivo es trabajar cerca del 20% de humedad. Superar ese umbral es sentenciar la reserva al fracaso: aparece el «marrón puro» del pardeamiento que inutiliza las proteínas, surgen hongos y se dispara el nitrógeno amoniacal.
Para Cattani, el uso de medidores de humedad en la máquina no es un lujo, es la herramienta para transformar un rollo mediocre en una bomba energética, como así también, valoró el uso del humedimetro de mano.
El éxito de la campaña no se mide en cantidad de rollos, sino en su Valor Relativo del Forraje (RFV). Catani desmitifica el volumen puro y se enfoca en la capacidad de consumo y aprovechamiento del animal.
La «fórmula mágica» que define el negocio es clara: (120 / FDN) * Digestibilidad * 2.29. Este coeficiente determina cuánto puede comer el animal frente a lo que el forraje le aporta realmente.
Clasificar las reservas permite asignar el recurso de mayor RFV a las categorías más exigentes. Un forraje de alta calidad es un acelerador del giro de capital: es la diferencia entre una terminación que demora 30 meses y una que se logra de manera eficiente en solo 18 meses.
En conclusión, la estrategia ganadera debe entenderse como un conjunto de reglas para la toma de decisiones óptimas basadas en datos, no en modas. Un punto ciego crítico para muchos productores es el almacenamiento: el forraje se moja más por debajo, por la humedad del suelo, que por la lluvia que cae desde arriba.
Proteger la base de los rollos y clasificarlos según su análisis de laboratorio son «ganancias rápidas» en eficiencia. Asimismo, es fundamental entender la relación con el contratista: el costo de la maquinaria es prácticamente el mismo si se cosechan 1.000 kg o 4.000 kg de materia seca; la eficiencia en el rendimiento es lo que diluye ese costo fijo.
El futuro de la actividad pertenece a quienes abandonen la gestión intuitiva y adopten procesos técnicos rigurosos, convirtiendo cada bocado de forraje en un resultado económico previsible.




