Una alfalfa nutritiva para una ganadería potente

La ingeniera agrónoma Catalina Luna disertó en el marco de la fiesta nacional de la alfalfa en San Basilio. Nutrición, animales y técnicas para prensar la producción eficiente.

La nutrición animal, cuando la ganadería argentina atraviesa un momento inmejorable, es un tema que debe ser atendido con especial atención por los integrantes del sector. Pensar la producción sin tener en cuenta la nutrición es dejar demasiados “cabos sueltos”.

En ese marco, la ingeniera agrónoma Catalina Luna, de la empresa Amauta Agro, fue la responsable de abordar el tema en el marco de la Fiesta Nacional de la Alfalfa que se desarrolló en San Basilio. 

El inicio del ciclo de vida de una pastura define, en gran medida, su techo productivo futuro. Un establecimiento deficiente compromete la densidad poblacional inicial y limita irreversiblemente la capacidad de respuesta de la planta ante estímulos posteriores. 

Por ello, la estrategia de nutrición a la siembra debe enfocarse en proveer un «efecto arrancador» equilibrado que favorezca el desarrollo radicular temprano y el vigor de la plántula.

La disertación se basó en la importancia de tener en cuenta el aporte que pueden realizar al suelo determinados aportes que brindan “fósforo, zinc, azufre y nitrógeno junto con ácidos húmicos y fúlvicos, que son nutrientes súper importantes para la siembra y el establecimiento de las pasturas, ya sean verdeos o alfalfa». 

Un establecimiento exitoso es el requisito indispensable para transicionar hacia esquemas de mantenimiento que garanticen la estabilidad del sistema forrajero.

Refertilización y pasturas

La refertilización debe ser entendida como una herramienta de sostenibilidad sistémica. Mientras que la fertilización de base asegura el nacimiento, la refertilización garantiza que el recurso forrajero mantenga su capacidad de rebrote y calidad nutricional tras sucesivos aprovechamientos. Para el productor, esto se traduce en una mayor eficiencia en el uso de la tierra y una producción de biomasa constante a lo largo del año.

La implementación de un plan nutricional técnico no representa un gasto operativo, sino una inversión estratégica destinada a transformar el potencial genético del cultivo en beneficios tangibles. Por lo tanto, una nutrición adecuada optimiza indicadores que impactarán directo en el margen bruto del productor:

1. Logro del número de plantas (Densidad inicial o stand density): Garantiza una población óptima desde el inicio, minimizando los espacios vacíos y reduciendo la presión de malezas.

2. Longevidad (Durabilidad en el tiempo): Una planta bien nutrida desarrolla estructuras de reserva más sólidas. Esto no solo extiende la vida útil de la pastura, sino que permite una mayor dilución de los costos de implantación a través de los años.

3. Mejora de la materia seca obtenida: Incrementa la eficiencia biológica, produciendo más kilogramos de forraje por unidad de superficie.

La relación entre la intervención técnica inicial y la persistencia del lote es directa. Según Luna, una nutrición balanceada influye decisivamente en el «buen establecimiento de las pasturas y, por consiguiente, en el número de plantas logradas, que es algo súper importante para la durabilidad en el tiempo de la pastura». Estos indicadores se ven potenciados por el uso de bioestimulantes, que actúan como catalizadores de la respuesta vegetal.

Para lograr éxito forrajero no podemos esperar “tener suerte” sino que necesitamos planificar la gestión y segmentarla. La nutrición debe ser considerada la columna vertebral de la producción; desde la emergencia de la plántula hasta la maximización del último corte, el uso de herramientas especializadas marca la diferencia entre un cultivo de subsistencia y un activo de alta rentabilidad.