Escribe César Brigato
Como productor y miembro de un grupo de productores de alfalfa queremos expresar nuestra preocupación por la situación actual del mercado interno, que atraviesa un momento sumamente delicado.
Estamos produciendo en una amplia región —que abarca desde el oeste santafesino hasta gran parte del centro y del norte cordobés— donde son numerosos los productores que hoy tienen parte importante de su producción (por no decir toda) paralizada desde hace meses.
En muchos casos, cuando se logra vender, se hace a valores de quebranto, lo cual agrava el problema y lo traslada hacia adelante sin solución de fondo.
Si bien se habla de la alfalfa como “oro verde”, asociando esta idea al aumento de exportaciones, hay algunos puntos que entiendo deben aclararse. Es cierto que la exportación creció y que existe una oportunidad, pero también es necesario analizar el panorama completo: no todo lo producido es exportable, y los estándares internacionales de calidad son altos y difíciles de alcanzar, especialmente en sistemas a cielo abierto sin infraestructura de secado y acondicionado.
La realidad es que el porcentaje exportable sigue siendo bajo, y el grueso de la producción termina en el mercado interno, donde los valores muchas veces no cubren los costos.
Además, producir heno a cielo abierto implica riesgos enormes: una lluvia puede transformar en minutos una mercadería exportable en un producto que pierde valor incluso para el mercado interno.
A esto se suman costos ocultos y crecientes: ventanas de trabajo muy pequeñas, necesidad de sobredimensionar maquinaria, estiba bajo techo, acondicionamiento adecuado, medición de humedad y logística. Incluso el flete en mercado interno tiene una incidencia altísima sobre el precio final, afectando a productores chicos, medianos y grandes.
Por eso, pedimos responsabilidad en el mensaje: celebrar la exportación es válido, pero evitando instalar una visión simplificada y lejana a la realidad que genere falsas expectativas e incentive inversiones sin información técnica/económica real.
Eso provoca una sobreoferta interna, caída de precios que derivan, finalmente, en situaciones económicas difíciles de revertir.






