Debate por la calidad del heno: Desafíos y soluciones

Una charla derivó en un intercambio de ideas para apostar al crecimiento del sector. La transformación del sector exige «locos visionarios» que estén dispuestos a incomodarse. La propuesta fue organizada por el Clúster de Alfalfa de Córdoba.

Buscando respuestas a una problemática que se acrecentó y que sufre un “cuello de botella”, la producción (y los productores de alfalfa) se encuentran atravesando una realidad compleja. 

Ante el regreso de un ciclo húmedo, la rentabilidad se desplomó y la colaboración estratégica es la única vía para profesionalizar la cadena. El objetivo es claro: transformar la alfalfa en un negocio de alta rentabilidad constante, dejando de depender del azar climático para depender de la gestión tecnológica.

Del “oro verde” a la realidad del clima

La situación actual desnudó una fragilidad alarmante. En ese marco, desde el Clúster de Alfalfa de Córdoba realizaron un “conversatorio” del que participó el ingeniero agrónomo y asesor privado Pablo Cattani, quien manifestó que el discurso de la «revolución verde» choca con una realidad totalmente diferente. 

El exceso de precipitaciones ha provocado que los productores ingresen a una zona de conflicto. Un caso testigo en la zona de Juárez Celman ilustra la magnitud del problema: de un planteo de 300 hectáreas, solo se logró un corte de calidad en 120 hectáreas; el resto se perdió o degradó por falta de ventana de trabajo.

“No todos tenemos las herramientas, ni la escala, ni la infraestructura, ni el mercado para exportar”, apuntó y sumó: “con datos de la encuesta, cuando preguntamos ¿cuanto sale para exportación? nos damos cuenta que es una porción muy mínima entonces a lo mejor el que está pensando en meterse en el negocio para exportar se encuentra que en realidad es poco lo que puede exportar y directamente no se mete”.

Sin embargo, remarcó que “hay mercados locales o regionales que podrían mirarse como objetivo claro”.

En medio de la conversación se remarcaron, una vez más, los puntos críticos, que fueron identificados:

Logística: Dependencia de fletes unidireccionales que encarecen el producto final.

Brecha tecnológica: Falta de herramientas para acelerar el secado.

Escala y financiamiento: Estructuras individuales que no logran absorber el costo de la tecnología necesaria.

Análisis del impacto: La pérdida de 2 a 3 cortes anuales por lluvia no es solo una merma productiva, es una destrucción de capital. Al no capturar ventanas críticas, el forraje pierde color y proteína, empujando al productor a un mercado interno saturado de baja calidad. Si no logramos estabilidad en la oferta, el costo de oportunidad frente al maíz se vuelve insostenible, poniendo en riesgo la permanencia de la actividad en zonas núcleo.

Necesidad de tecnología

La tecnología es el único seguro contra el clima. Argentina presenta una paradoja: alta adopción de segadoras pero una obsolescencia terminal en el rastrillado. Solo el 10% de los rastrillos en el país son giroscópicos y apenas el 1% son agrupadores de hileras de alta tecnología.

En una intervención, el manager de la entidad, Gastón Urrets Zavalía, adelantó que según datos de un relevamiento que está en proceso, “el 45 por ciento de los productores manifestaron que pierden de dos a tres cortes por año a raíz de la lluvia”. Esa situación deriva en una alfalfa de mala calidad

Agregó que “muchos socios tienen un nivel de adopción muy alto en segadoras, pero no tienen el mismo nivel de rastrillos de alta prestación” lo que influye en la producción.

Por ello la insistencia en el uso de doble rolo acondicionador y agrupadores de hileras que mantienen la porosidad y permite reducir el secado a campo entre 24 y 48 horas. En climas inestables con tormentas cada 72 horas, ganar un día de secado es la diferencia entre un producto exportable y de mala calidad. 

También, sugirió Urrets Zavalía, “el uso de vaporizadoras en megaenfardadoras es vital para lograr densidades de exportación manteniendo la integridad de la hoja”.

El futuro de la calidad estable

Depender del clima no es un buen negocio, para eso es necesario apostar a una industrialización real con la incorporación de plantas de secado y compactado que permiten estandarizar el producto para los mercados más exigentes del mundo. 

El secado industrial debe verse como un instrumento financiero. Permite al productor retirar el forraje del campo con humedades más elevadas evitando que una lluvia inminente arruine el corte. En la planta se termina el proceso, se baja la humedad y se brinda seguridad.

Asociativismo real, alianzas concretas

Con el ego por delante de cualquier problema, poder construir es realmente complejo. «Es más fácil juntar 20 perros para una foto que a dos productores», remarcaron en el debate y dejaron en claro que “el individualismo genera ineficiencia: campos chicos con maquinaria sobredimensionada o productores sin tecnología por falta de escala”.

Allí surgieron algunas ideas, que después habrá que desarrollar, de modelos colaborativos:

Alianza propietario-contratista: Un productor pone la tierra y el otro la tecnología (ej. un contratista con agrupador de hileras y megaenfardadora se asocia con un dueño de 90ha).

Pools de inversión: Cuatro productores de 250ha pueden justificar una planta de secado propia que ninguno podría costear solo.

Centros logísticos zonales: Acopio conjunto para ganar poder de negociación frente al transporte.

Esta propuesta surge porque desde el asociativismo se pueden bajar costos y acceder a financiamiento. “Una conversación de distancia puede separar a un productor del quebranto hacia un modelo de rentabilidad compartida”, remarcó Urrets Zavalía.

El valor producido se protege en la «caja fuerte» del negocio: el galpón. Muchos productores pierden calidad por humedad de piso o lateral al usar mantas ineficientes.

Uno de los productores presentes remarcó la necesidad de “volver a trabajar sobre la planilla de margenes para ver si a los valores que estamos trabajando estamos en una situación de quebranto o no”.

“Muchas veces nos estamos manejando con el precio del vecino o el precio que debería ser pero no estamos sacando el número finito a ver qué margen tenemos nosotros, qué costo de producción tenemos para cada situación”, aseguró.

La transformación del sector exige «locos visionarios» que estén dispuestos a incomodarse.