La implantación de una pastura ha dejado de ser una tarea rutinaria para convertirse en una operación estratégica donde la sembradora no debe ser vista simplemente como un vehículo de arrastre, sino como una herramienta de alta precisión que determina la rentabilidad de todo el ciclo productivo.
Bajo esta visión técnica, el Ing. Guillermo Marrón, referente de amplia trayectoria en el INTA Castelar y actual especialista en maquinaria agrícola del INTA Bordenave presentó los lineamientos fundamentales para optimizar este proceso.
«Voy a hablar de la sembradora como herramienta», indicó y estableció que la configuración del equipo es el primer paso crítico para transformar la semilla en carne o leche.
Para Marrón, la eficiencia operativa no es una variable aislada, sino el resultado de un engranaje humano que debe funcionar en sintonía antes de que el primer disco toque el suelo.
Un trío que puede ser exitoso si se complementa: asesor, dueño y operario
La tecnología de punta resulta insuficiente si no existe una visión compartida de los objetivos biológicos entre los actores clave: el asesor técnico, el dueño del establecimiento y el operario de la máquina.
El especialista subraya que la interdependencia entre estos es vital, pues la máquina debe configurarse para responder a necesidades productivas específicas. En este sentido, Marrón se pregunta «¿qué componente de la sembradora define cuestiones que necesitamos para que el animal genere carne?».
Ahí apunta que, según el análisis de Marrón, la máquina es la responsable de garantizar la persistencia (los años de vida útil de la pastura) y, fundamentalmente, el momento de emergencia, factor que determina directamente la foliosidad de la planta. Si la herramienta no logra una emergencia uniforme y vigorosa, el potencial forrajero se diluye.
¿Adaptarse o estandarizar?
En el mercado actual, la industria de maquinaria suele fabricar equipos multifunción diseñados prioritariamente para granos como soja o cereales de invierno. Ante la necesidad de sembrar pasturas, la industria suele simplemente anexar componentes periféricos, como el cajón alfalfero, sin una integración técnica profunda.
Por lo que Marrón crítica esa situación planificada de la fabrica donde “le pone un cajón alfalfero y rebúscatela», más allá de que en el mercado hay una sembradora para pasturas como la que produce De & Ce en Armstrong.
Para ilustrar la necesidad de un ajuste especializado, el ingeniero utiliza la analogía del «juego de cubiertos». Plantea que si el objetivo es comer un huevo frito y un bife, acompañado de un vaso de vino y una naranja de postre, no se requieren tres tenedores, tres cuchillos ni la cuchara de postre.
De la misma manera, una sembradora de última generación no requiere todos sus componentes activos para lograr una buena implantación de alfalfa.
De hecho, en las pruebas técnicas realizadas en la región, el especialista demostró que la optimización a menudo implica un trabajo «artesanal»: a una máquina de última tecnología se le retiraron diversos componentes innecesarios para simplificarla y asegurar que la semilla se deposite correctamente.
Esta capacidad de discernir qué piezas sobran es lo que permite que el equipo responda a la inversión del productor.
Ser ineficiente tiene un costo elevado
En la actualidad los sistemas productivos no pueden ignorar la eficiencia. Hoy pensar una producción de alfalfa tiene un elevado costo de implante por hectárea y “el impacto económico de una mala regulación de la sembradora es drástico”.
Eso conlleva que muchas semillas sembradas no se convientan en plantas productivas, afectando al sistema. Para Marrón esta brecha se puede cerrar mediante la aplicación de criterios técnicos rigurosos.
El potencial técnico permite alcanzar eficiencias de entre el 50% y el 70%, cifras que transformarían radicalmente la rentabilidad del lote. Lograr que siete de cada diez semillas prosperen no depende de la adquisición de mayor complejidad tecnológica, sino de la inteligencia aplicada a la configuración de la herramienta y el control de la labor. La solución a esta brecha no es puramente mecánica, sino humana y educativa.
Fuente: AIRE DE CAMPO ARGENTINA







