A la alfalfa le sobra agua 

Las constantes lluvias afectan la producción, la calidad y la economía de los productores. Desde TodoAlfalfa dialogamos con referentes del sector que manifestaron su preocupación y su realidad ante los excesos hídricos que ponen a la “reina de las forrajeras” en jaque.

Los constantes cambios climáticos, los vaivenes que la producción sufrió por los eventos climáticos constantes y las precipitaciones extremas generan graves perjuicios a la hora de planificar cortes y siembras.

Según datos procesados por el INTA el exceso hídrico representa un «cuello de botella» crítico para la estabilidad del sistema forrajero nacional. En un escenario de márgenes ajustados, condicionados por la brecha cambiaria y los crecientes costos logísticos, la inestabilidad en el rinde no es solo una pérdida de volumen; es una erosión de la eficiencia «puertas adentro» que compromete la viabilidad financiera del productor. 

Esta presión obliga a mirar más allá de la superficie, entendiendo que el verdadero daño comienza donde el ojo no llega: en la arquitectura radicular del cultivo.

El proceso de la alfalfa, puso a la reina de las forrajeras en un espacio de exclusividad dentro de la ganadería y lechería Argentina, transformándose en el cimiento sobre el que se asienta la competitividad de nuestras cuencas lecheras. 

Los especialistas, que a lo largo del tiempo hemos consultado, han manifestado que el éxito de cualquier alfalfar depende de la salud de su sistema radicular, el cual actúa como el pulmón y la reserva energética de la planta. 

La investigadora María Andrea Tomás, del Instituto de Investigación de la Cadena Láctea (INTA-CONICET), advierte que el rendimiento de la alfalfa se reduce drásticamente bajo anegamiento debido a la atrofia del desarrollo radicular. La falta de oxígeno detiene la respiración celular en la raíz.

La mirada aguda de los productores

Desde TodoAlfalfa consultamos a productores de diversos puntos. Uno de ellos fue Edgar Carignano, un productor de la zona núcleo (integra el Clúster de Alfalfa) que tiene 15 años de trabajo en la producción de alfalfa y calificó el año como “muy complicado”.

Para él “la industria enfrenta una convergencia de adversidades climáticas, económicas y logísticas. A pesar de una caída drástica en la facturación y el aumento de los costos operativos, se identifica una transición estructural hacia la profesionalización”. 

“La exportación de forraje surge como una oportunidad, aunque exige estándares rigurosos de calidad, humedad y logística que están redefiniendo el modelo de negocio tradicional”, remarcó.

En cuanto al ciclo productivo reciente, signado por las condiciones climáticas extremadamente adversas, sobre todo a lo largo de marzo y abril, remarcó que “fue determinante”.

Entiende que esta situación llevará a que muchos queden fuera del negocio y “salgan” del mismo, pero “los que sobrevivan se van a fortalecer ya que incorporaron mucho conocimiento para lograr un producto de calidad”. Destacando el trabajo del Clúster como una fuente de información y acompañamiento para el socio.

Las constantes precipitaciones produjeron una reducción significativa de días de trabajo efectivo en el campo, pero también una degradación del producto a raíz del exceso de humedad que afecta la calidad de la materia prima. 

Ello impacta de lleno en lo económico, en el caso de Carignano solo pudo producir el 30 por ciento de las hectáreas trabajadas. 

En línea con Carignano, otro productor de la zona que trabaja unas 900 hectáreas entre campos propios y de terceros remarcó que “desde el primero de febrero casi no trabajamos”. 

Explicó que del total, “solo 270 hectáreas han sido cortadas. Y esos cortes se realizaron en dos etapas principales, una a finales de febrero y otra a finales de marzo”.

En la actualidad, “los lotes están blandos. No tenemos piso y eso nos impide el ingreso de maquinaria pesada”, sostuvo y agregó que es necesario un par de días de sol para poder intentar retomar las labores.

Tomando ese ejemplo, para poder entender como el factor climático (lluvias y humedad) impacto en la producción generando pérdidas en calidad y volumen, el productor indicó: “las intervenciones realizadas a finales de febrero y marzo fueron afectadas directamente por el agua durante el proceso de corte, resultando en la producción de rollos de calidad pésima”.

Pero a su vez, producto del registro de lluvias constantes (en la zona de Arroyito se registraron más de 400 mm a lo largo de abril) “hubo lotes que se perdieron hasta tres cortes” impactando directamente en la economía.

Un “escenario crítico”

Por su parte, un productor del departamento Unión en la provincia de Córdoba solo atinó a decir que pensar en la situación que atraviesan lo angustia de sobremanera, mientras que desde Villa Angela (Chaco), una productora remarcó el inusual momento que viven y expuso el difícil momento.

Mauro Bollatti, de la empresa Pellfood (Calchín), que forma parte de la Cámara Argentina de la Alfalfa, en línea con el resto de los productores consultados, marcó el “escenario crítico” a raíz de la condición climática que se dió desde febrero hasta abril.

La combinación de un volumen de precipitaciones extraordinario (que ya representa una gran parte del promedio anual) y una alta frecuencia de días nublados y lloviznas ha generado un impacto ambivalente en la producción. 

“El problema no radica únicamente en el volumen de agua, sino en la frecuencia y las condiciones atmosféricas. Desde principios de febrero se reportan chaparrones cada dos o tres días”, sostuvo Bolatti. 

Y agregó: “perdimos un corte, se nos atrasó toda la producción, y hubo mucha materia prima de baja calidad”. 

Buscando una buena dentro de esta situación compleja “indicó que “el exceso de humedad ha presentado una ventaja competitiva para la implantación de nuevos cultivos”, desde la empresa sembraron 500 hectáreas que hoy tienen un “estado espectacular” y con un nivel de humedad altísimo.

En tanto que Carignano analizó la dinámica del mercado y destacó que “se experimentan cambios”. En el caso del mercado interno “está caído” y los tambos tienen abundante reserva lo que provocó que haya menos demanda de rollos.

En lo que respecta al mercado de exportación “se observa una fuerte demanda externa de forraje con nivel de precios competitivos, pero todo está ligado a humedad y calidad”.

A todo ello hay que sumarle la rentabilidad del sector, afectada seriamente por el aumento de costos, que ponen a la producción en un momento álgido. El aumento de combustibles, las obligaciones financieras y la tasa de interés, dificultan el negocio.

Por eso, todos los involucrados coinciden en que la producción de alfalfa debe dejarse de ver como “ese cultivo alternativo” para ser analizado, pensado y desarrollado como un cultivo que necesita ser industrializado.

No se puede “hacer un rollo y dejarlo en el lote”, marcó Carignano sino que es necesario pensar en “logística, almacenamiento, análisis de producto”.

El impacto financiero directo

Mariano Cucchietti es productor de la zona de Noetinger, en Córdoba, y en consonancia con el resto de las personas consultadas marcó los puntos ya mencionados.

Pero puntualizó que “la degradación técnica del producto y el retraso de las tareas han afectado directamente las finanzas, obligando a frenar inversiones planificadas”.

Además, sumó que por los pronósticos que apuntan a un posible “niño” se decidió en muchos casos reducir un 50% la superficie de siembra de alfalfa planificada para este año y esa superficie será destinada hacia cultivos de verano, postergando la expansión de la alfalfa para el próximo ciclo anual.

Las condiciones climáticas impidieron la recolección oportuna, acumulando entre dos y tres cortes en diversos lotes; y cuando hay “una ventana climática que indica que habrá tres días de sol se avanza con cortes aunque la alfalfa esté pasada”, marcó.

Para el entrevistado, en la planificación previa “el productor tenía el objetivo de duplicar su superficie de alfalfa, motivado por las expectativas de procesamiento y exportación para el presente año. Sin embargo, los riesgos climáticos han forzado un cambio de rumbo inmediato”.

Los actores involucrados y que vienen desarrollando el negocio de la alfalfa desde hace años remarcan que “es un negocio distinto que requiere pasión y persistencia, donde para crecer se necesita fidelizar clientes año a año, logrando establecer una cadena que permita superar los ciclos de años buenos y malos.