El Instituto Agrotécnico Salesiano es un espacio de formación de futuros profesionales, inculcando desde el inicio del ciclo educativo las bases para obtener futuros profesionales, pero sobretodo futuros seres humanos.
Instaurado en el corazón del sistema productivo regional, con base en Colonia Vignaud (Córdoba), el espacio trasciende su función pedagógica tradicional para consolidarse como un lugar de formación académica diferencial.
Al integrar la formación académica con unidades productivas reales (que incluyen desde criaderos de cerdos y tambos hasta la producción de granos), la institución se posiciona como un eslabón crítico en la formación de los «futuros productores del país».
Esta simbiosis es vital, considerando que muchos alumnos provienen de familias directamente vinculadas al sector agroproductivo aportando un conocimiento empírico que la escuela se encarga de tecnificar.
Gerardo Triunfetti, ex docente de la cátedra de forrajes y responsable del establecimiento agropecuario donde se desarrollan pruebas para mejoramiento genético de la alfalfa, estacó la relevancia del modelo educativo en un contexto social complejo: «La actividad docente hoy no es tan fácil, pero lo importante es que los jóvenes que tenemos sean los futuros productores nuestros a nivel país».

Esta base educativa no solo asegura el relevo generacional, sino que constituye el cimiento necesario para avanzar hacia proyectos de investigación biotecnológica que hoy posicionan al instituto en la vanguardia del sector.
Pasar de producir forraje local a generar un producto de exportación
El cambio que experimentó el sector, pasando de ser un recurso forrajero de subsistencia interna a transformarse en un commodity de exportación de alto valor agregado, obligó a una transformación de los actores.
Triunfetti recuerda este giro estratégico que comenzó a materializarse con fuerza hacia 2019: «Soy muy nuevo en el tema alfalfa, en la parte de exportación. Siempre la escuela tuvo Alfalfa, pero tenía otro concepto. Hoy tiene un concepto de exportación. Si hablábamos 10 años atrás de exportar, era como para reírse».
Esta evolución hacia el «concepto de exportación» es el motor que impulsó el pilar técnico que sostiene hoy la competitividad del sector: el mejoramiento genético.
Desde 2019, el Instituto Salesiano, en alianza estratégica con la Facultad de Ciencias Agrarias de Esperanza (UNL), lidera un programa de mejoramiento que ya acumula entre ocho y nueve años de trabajo de selección y desarrollo de linajes.
El objetivo es el desarrollo de líneas «sitio-específicas», diseñadas para maximizar el rendimiento en un radio geográfico determinado, adaptándose a las amplitudes térmicas y tipos de suelo específicos de la zona.
Actualmente, el proyecto se encuentra en su fase de medición de materia seca y registro morfológico para su inscripción ante el INASE. El enfoque técnico del programa prioriza la digestibilidad y el Valor Relativo del Forraje (RFV), entendiendo que la rentabilidad de exportación reside en la hoja y no en el tallo.
Las variables clave bajo registro incluyen:
- Relación hoja-tallo: Selección de fenotipos con mayor densidad foliar para garantizar la concentración proteica.
- Volumen de MS (materia seca): Cuantificación del rendimiento biológico por hectárea.
- Ciclos de floración: Determinación de los momentos óptimos de corte para balancear volumen y calidad nutricional.
- Morfología del tallo: Búsqueda de estructuras que faciliten el secado sin sacrificar la palatabilidad.
Triunfetti destaca la lógica biotecnológica detrás de este proceso: «Buscamos la mayor cantidad de hojas porque la mayor cantidad de proteína y de calidad está en la hoja. Entonces, tenemos que buscar que tenga mucho volumen de hoja». Sin embargo, la excelencia genética debe revalidarse constantemente ante la volatilidad climática.
El manejo agronómico ha enfrentado recientemente un escenario de estrés hídrico por exceso. Desde febrero, la zona registró precipitaciones por 720 mm, una cifra excepcional si se considera que la media anual oscila entre los 800 y 850 mm. A pesar de este fenómeno, las condiciones fitosanitarias de los cultivos se mantienen «perfectas» gracias a la estructura del suelo y a napas freáticas situadas a una profundidad de 9 a 10 metros, lo que ha evitado anegamientos críticos.
El verdadero conflicto no es biológico, sino logístico y operativo. El exceso de humedad ambiente y la falta de «piso» retrasan la henificación, impidiendo alcanzar los niveles de humedad reglamentarios para el mercado externo.
«Con esta cantidad de lluvia y la humedad ambiente que tenemos, es muy difícil lograr un megafardo o un rollo con 14 o 15 de humedad. Esos son los conflictos que tenemos que ir solucionando», explica Triunfetti. Estos obstáculos impactan directamente en la estructura de costos y en la rentabilidad final.
Triunfetti advierte que el éxito depende de la precisión y la eficacia: «El mercado interno hoy está sobresaturado… y el combustible se nos fue muy alto. Haciendo las cosas bien, los números dan, pero hay que manejar temas muy finos».
Existe, no obstante, una expectativa de estabilización: se espera que la llegada del invierno tranquilice el mercado y que aquellos productores con reservas acumuladas comiencen a demandar nuevamente forraje de calidad.





