La campaña de alfalfa: de sonrisas a lágrimas y desazón

En una mesa debate, productores pusieron sobre la mesa la realidad del sector luego de meses complejos donde la reina de las forrajeras, por el clima, estuvo en jaque. Sin embargo, la pasión por este cultivo no entiende de frustraciones y las apuestas se redoblan.

La jornada a campo organizada por el Clúster de Alfalfa en Colonia Vignaud funcionó como un termómetro de la cadena de valor que atraviesa una transición crítica. El encuentro no fue solo para ver máquinas en acción sino un espacio de “catarsis profesional” entre colegas donde se puso en debate la realidad del sector y los pasos a seguir para no sufrir los embates de la naturaleza.

En el marco de una “mesa de debate”, que fue integrada por Gerardo Rosso, Edgar Carignano, César Brigatto, Fernando Michelotti, Mariano Cucchietti y Gerardo Triunfetti, quienes expusieron la cruda volatilidad de un negocio que hoy depende, en Argentina, excesivamente de la ventana climática.

Un cultivo, una campaña, diversas realidades

El ciclo comenzó con una primavera ideal; entre octubre y noviembre, las condiciones permitieron cortes de una calidad excepcional. César Brigatto fue gráfico al respecto: «Parecía que vivíamos en California, todo lo que producíamos salía bárbaro e iba para exportar». 

Sin embargo, el optimismo se chocó de lleno con un giro drástico del tiempo. La paradoja del sector es que los dos años previos de sequía extrema, aunque devastadores para la agricultura tradicional, resultaron beneficiosos para la confección de heno. 

El regreso de las lluvias no fue una tregua, sino un «trago amargo» que obligó a los productores a «surfear» en un escenario de alta humedad, comprometiendo seriamente el valor proteico y comercial de la mercadería.

Lluvias que cambiaron el panorama

El factor hídrico redefinió las reglas de juego. Según los datos aportados por Gerardo «chopi» Triunfetti, productor y referente del Instituto Salesiano, desde febrero se registraron 720 mm de lluvia en la zona, una cifra impactante si se considera que equivale a todo lo que llovió durante el año anterior completo. 

Este exceso de agua no solo arruinó la logística, sino que forzó un pivot estratégico: lo que estaba destinado a los contenedores de exportación terminó canalizándose hacia el consumo interno, abasteciendo a tambos y feedlots con una calidad degradada.

Los desafíos operativos mencionados por los protagonistas exponen la vulnerabilidad del sistema actual:

  • Pérdida de valor nutricional: El exceso de humedad provocó una caída drástica en la retención de hoja y color, fundamentales para la exportación.
  • La parálisis de la ventana de corte: Se reportaron lotes con hasta 90 días sin poder ser cortados por falta de piso y humedad excesiva. Estos cuadros, pasados de madurez y colonizados por malezas, perdieron su aptitud premium.
  • El impacto geopolítico y logístico: Más allá de las nubes, factores externos complicaron la ecuación. Se mencionó cómo el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania disparó los costos del combustible y «truncó» rutas logísticas, encareciendo el acceso al mercado mundial.

Ante este panorama, Carignano fue contundente sobre la necesidad de defender el capital: «El rollo es plata que tenés ahí y esa plata tenés que defenderla con calidad». Esto exige un cambio en el manejo del post-corte, priorizando el estibado correcto y el uso de cubiertas para proteger la inversión de la intemperie.

Cuando la cosa va mal, apostar el doble

La idiosincrasia del alfalfero es, por definición, resiliente. A pesar de enfrentar una campaña que, en términos de gestión, «te explota la cabeza», la reacción dominante no es el abandono, sino la expansión. Fernando Michellotti, Vicepresidente de la entidad, compartió un testimonio que define el sentimiento del sector: tras momentos de frustración extrema hubo gente que pensó en dejar la actividad, sin embargo, su respuesta fue sembrar más hectáreas. 

Por su parte, sentado a su lado se encontraba Mariano Cucchietti, médico veterinario que quiso hacer “caja” con la alfalfa y terminó pidiendo, entre risas de los presentes, un estudiante de psicología. «Si hay algún estudiante de psicología, ofrecemos nuestra cabeza para alguna tesis, porque seguimos sembrando y apostando. El mundo necesita de nuestra producción… es un desafío apasionante», indicó.

En otro tramo del debate, Brigato puso sobre la mesa una palabra que es muy usada en los discursos: “el asociativismo”, Asegura que, en su trayectoría (más de 15 años en el sector) lo visualiza como la única salida para superar las barreras de infraestructura que hoy limitan la competitividad argentina. La propuesta es clara: abandonar el individualismo tradicional para adoptar un modelo de escala corporativa.

Para ello, enumeraron la posibilidad de realizar infraestructura de acopio con construcción de galpones asociativos con el fin de asegurar un estibado profesional, evitando que los productos pierdan calidad a la intemperie.

Un tema muy recurrente y escuchado en las charlas es la “Industrialización”, lo que requiere inversión en plantas de deshidratado y secado industrial. Esta tecnología es el eslabón que permitiría independizar la calidad del producto final de las contingencias climáticas, eliminando la dependencia absoluta de la humedad ambiente.

Fortalecer el intercambio de «vanguardia tecnológica» y conocimientos financieros entre productores, industriales y comerciales.

Argentina apenas ostenta el 2% de participación en las exportaciones globales de forraje. Para un país con el potencial productivo que tiene, esta cifra es un techo bajísimo que invita a un crecimiento masivo. La demanda mundial es insaciable, pero el mercado internacional no perdona la falta de estandarización.